SONETO A LA VIDA Y A LA MUERTE

Haz llegado apacible viajadora galante,

Me saludas ¡Oh Muerte! con faz de lejanía.

Y ablandas mis deseos de vivir, la agonía

Este lento extinguirse de mi cuerpo anhelante.

Estos días me alejas del dolor, dulce amante,

Con ternura mis vísceras sometes a porfía,

Que no eres roca extraña, sólo la tierra mía.

No detienes las nubes, no el reloj del cuadrante.

Cuando cierro los ojos, quietud eterna entregas

Y eres tranquila y grave, presencia de imposibles.

Vienes, duermes conmigo silenciosa y rendida.

No soy ningún misterio, mi memoria doblegas,

Me enseñas otros mundos hasta ahora invisibles

Y eres la que no duele, sólo duele la Vida.

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