Y “EL COLOMBIANO”

Pero uno de los grandes acontecimientos de la Historia del Periodismo en Antioquia es la aparición del “El Colombiano” el 6 de febrero de 1912, fundado y dirigido por Francisco de Paula Pérez, jurista constitucionalista autor de varios grandes ensayos.

El diario “El Colombiano” es cada año que pasa una empresa realmente importante, más poderosa y fuerte. Entre sus directores de finales del siglo XX se destacan los nombres esclarecidos de Fernando Gómez Martínez, Juan Zuleta Ferrer, Juan Gómez Martínez y Ana Mercedes Gómez Martínez y como Jefe de Redacción el intelectual Juan José García Posada.

A través de la historia de “El Colombiano” eminentes figuras de la intelectualidad nacional han hecho conocer por primera vez sus ideas y estilo literario en las páginas del ilustre diario de Antioquia, por ejemplo: Belisario Betancur, Otto Morales Benítez, José Mejía y Mejía, Miguel Arbeláez Sarmiento, Gilberto Alzate Avendaño, Jaime Sanín Echeverri, Ovidio Rincón Peláez, Joaquín Vallejo Arbeláez, Fernando González, Juan Roca Lemus, Jorge Robledo Ortiz, Carlos Castro  Saavedra, Oscar Hernández, etc,

En relación con las ejecutorias del diario “El Colombiano” de Medellín recordamos aquí una página memorable de Otto Morales Benítez, con motivo de la celebración de los 70 años de “El Colombiano” en 1982, dice: “El fundador, Francisco de Paula Pérez, y sus otros directores, Jesús María Yepes y Julio César García, son hombres que dejaron huella en la república.  El primero sirvió a Colombia siempre en los más destacados puestos de vanguardia para amasar nuestro destino económico y nos dejó libros para repasar cada vez que tengamos dudas de cómo se ha integrado nuestro derecho público.  Yepes descolló como profesor eminente, respetado en las universidades del exterior, y como tratadista con teorías propias acerca de esenciales materias del derecho internacional.  Julio César García fue un gran maestro de civismo:  sus libros registran el paso de la historia nacional;  de los hombres de letras y de pensamiento de esta parcela, y exaltó la trayectoria de la Universidad de Antioquia desde que Francisco de Paula Santander la puso a cumplir su función de creadora de mandatos de civilidad y democracia.

“Todos estos precedentes no perturban la acción de quienes actualmente comandan “El Colombiano”.  Al contrario, ellos encajan, lúcidamente, con la trayectoria de esas vidas.

“Fernando Gómez Martínez es ensayista, que con discreta y sonreída malicia, va imponiendo sus puntos de vista.  Como lo dice el escritor Juan Luis Mejía, con su “sencilla elegancia”, él va señalando rumbos, dictaminando cuáles son los mejores senderos para su partido, para Antioquia y para la república.  El, tiene una fecunda travesía humana:  hombre público, estudioso literato que lo mismo se detiene en el análisis de la obra de Tomás Carrasquilla, que entra con sabiduría en la interpretación de los refranes como dones y síntesis de una raza.  Su prosa no está llena de artificios, sino plena de claridad y contenida elocuencia.  Con modesto ademán, sin soberbia, aun cuando puede llegar a tener plenitud y arrogancia, toma sus determinaciones.  Y no varía en sus decisiones.  Sólo se le ve vibrante cuando vuelve la memoria a Santa Fe de Antioquia, el pueblo de la infancia, que permanentemente, va iluminando su corazón.  “La Oración de la Catedral”, podríamos tomarla como una página ejemplar en su obra.  Tiene dimensión histórica, posee un susurro de canto y alabanza, y deja observaciones sobre materias religiosas, y plantea los sentimientos de un cristiano viejo.  Esto, tal vez, es lo que más lo singulariza, unido a su pasión de antioqueño indoblegable.

“A su lado, ha trabajado don Julio C. Hernández.  Hombre de empresa, de ingenio raudo, de atrevidas concepciones en lo que debe ser un periódico moderno.  Manejando sus finanzas, fue conociendo todas las azarosas peripecias de la bohemia intelectual de sus colaboradores.  A cada uno le entregaba su cordial comprensión, por dura que fuera su decisión para negar el anticipo sobre futuras colaboraciones.  Y, también, escribía sus páginas razonadoras sobre el proceso económico.  Allí siguen ambos, custodiando la fortaleza de la fe y de la esperanza.

“Don Juan Zuleta Ferrer se puede decir que se encuentra fundido a la grandeza histórica y cultural del periódico. Se desprendió de muchas calidades de triunfo que le entregaba la vida:  la de jurista, la de parlamentario y la de hombre de gobierno.  Renunció para tener fidelidad con la tinta de imprenta.  Se sometió a los rigores exigentes de vigilar materiales, adiestrar corresponsales y escritores, encauzar con su prosa de meridiana claridad, la posición doctrinaria, política y humana de las páginas del diario.  Bien abastecido de eruditas lecturas, en cada editorial brota la cita que indica cómo anda sumergido en el revuelto mundo de la literatura contemporánea.  Tiene la condición peculiar de decir su verdad, en un país de cautelosos. Y ésta crece en castigo contra sus opositores políticos a quienes presenta a la condena, y lo mismo sucede con sus copartidarios cuando han torcido el signo social que deben ayudar a modelar con sus manos y su inteligencia”.[6]

No podemos olvidar que dos años antes que “El Colombiano” y a partir del 7 de Marzo de 1910, circuló en Medellín un periódico matinal con el nombre de “El Diario”, orientado por José Velásquez García y Tomás Marquez. Tuvo vida corta pero dejó historia. Y dejó historia también el bisemario “La Organización” fundado en 1912 como vocero del partido liberal antioqueño y cuya existencia alcanzó casi los dos lustros.

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