Capítulo Segundo

 DON TULIO EDUCADOR Y SABIO

Don Tulio Ospina Vásquez (1857-1921) hermano de Pedro Nel, hijos de don Mariano Ospina Rodríguez, un desmesurado espíritu de casi legendaria biografía y de doña Enriqueta Vásquez Jaramillo, hija de don Pedro Vásquez Calle y de doña Antonia Jaramillo y Soto, conocidos a muchas leguas a la redonda como familia de colonizadores del nororiente antioqueño donde plantaron grandes extensiones en café y pastos.

La esposa y madre, Ana Rosa Pérez Puerta, hija de don Bartolomé Pérez Acosta y de su primer matrimonio con Clarita Puerta Uribe, (1) ambos de prosapia muy tradicional y de austero tono, familias integradas por rectos comerciantes y diligentes profesionales.  Veamos allí la madre, Ana Rosa, perdurable su recuerdo en su caserón campestre de Sorrento o en la vivienda de La Candelaria, en la inolvidable residencia de Quebrada Arriba, esquina de la Carrera Unión, la del antejardín con carbonero, la de las cinco ventanas de reja de hierro que miraban al oriente.(2)

Tulio el futuro sabio, nació en Medellín el 4 de abril de 1857 en la misma casa donde vino al mundo Atanasio Girardot.  Sus primeros pasos los dió en el Palacio de San Carlos en Bogotá, y su hermano Pedro Nel, futuro Primer  Magistrado de Colombia vió la primera luz en Bogotá en 1958 cuando don Mariano ejercía la presidencia de la Confederación Granadina (1857-1861).  Otros hermanos fueron:  Santiago, Mariano, Concepción y Francisco Ospina Vásquez.

Después de la presidencia de don Mariano y la consiguiente persecución por parte del General Tomás Cipriano de Mosquera, la familia Ospina Vásquez, después de algunos meses de permanencia en Puerto Rico, fué al destierro definitivo en Guatemala (1863) hasta su regreso a la patria en 1871.

Tulio hizo su primaria y su bachillerato con los jesuitas en el Colegio de Loyola en Guatemala y en San Ignacio de Medellín.  En 1876, después de la sangrienta batalla de los “Chancos”, Tulio y Pedro Nel, fueron puestos prisioneros y desterrados a Costa Rica.  Allí, los hermanos Ospina Vásquez se dedicaron al estudio del cultivo y de la industria del café, muy florecientes ya en la tierra de los laboriosos ticas.

Un episodio realmente interesante de la vida de don Tulio, es este relatado por uno de sus hermanos, dice:

“Después de tantos sufrimientos, disfrutaron de unos pocos años de tranquilidad, pero estalló  la guerra del 76 y desgraciadamente en Los Chancos, el partido conservador fue vencido. En aquella batalla estaban Tulio y Pedro Nel, muy jóvenes todavía. Mi papá los había mandado a luchar por la Religión y la Patria, ya que él por las enfermedades y sus años, no podía hacerlo.

“El sufrimiento en aquellos largos meses fue terrible. Pues, según cuentan, no llegaban noticias. Tulio era Capitán y Pedro Nel ayudante del General Marceliano Vélez.

En el combate de Los Chancos, donde los conservadores fueron definitivamente vencidos, Tulio cayó herido en una pierna. Cuando éste se dió cuenta de la derrota, comprendió que si era reconocido por los liberales triunfantes, lo asesinarían; y arrastrándose como pudo, desvistió a un soldado muerto y se vistió con el uniforme de éste, vistiendo al muerto con el suyo; así fue que al recorrer el campo, fue hecho prisionero, pero pasó por un simple soldado. Allí, aunque estaba herido, lo obligaron a echarse a cuestas un soldado liberal que estaba también herido. Esta inteligente maniobra fue causa de grandes sufrimientos para nuestra familia; porque por más averiguaciones que se hicieron nadie daba razón de Tulio, pues no figuraba ni entre los vivos ni entre los muertos. Mi papá estaba convencido de que había muerto y lo lloraba como a tal; pero mi mamá en medio de su dolor, pues era la persona más afectuosa, sostenía que Tulio no estaba muerto porque ella lo había entregado a la Virgen y estaba segura de que aquella los había salvado. (Este es el motivo de aquel cuadro que ustedes conocieron en Sorrento, en que Tulio vestido de soldado está al pie de la Inmaculada.)

El pobre Tulio sufrió horriblemente, pues lo trataban como a un infeliz soldado prisionero. En Cali y en Popayán, lo sacaban con los otros presos a pedir de casa en casa la limosna de algunos sobrados de comida para no morir de hambre, pues los liberales no mantenían a los presos. A los tres meses de llevar tan triste vida, lo enviaron con otros presos a Manizales y, por casualidad, llegaron a pedir limosna de comida a la casa de mi tío Castor María Jaramillo, tío de mi mamá, quien sabía la pérdida de Tulio. Aquel lo reconoció y acercándose le preguntó si el no era Tulio Ospina, éste que no lo conocía trató de despistarlo, pero mi tío le dijo que le dijera la verdad, pues era su tío. Aclarada la cosa, aquel consiguió que se le diera libre y lo dejó en su casa informando a la familia de lo ocurrido, después de tantos días de amargos sufrimientos.

Fue después de esta noticia, que mi madre hizo pintar el cuadro de la Virgen, que por muchos años se veneró en la Iglesia del Poblado, hasta que refaccionada esta, el cuadro ya sobraba y entonces Tulio lo llevó a Sorrento, donde ustedes lo habrán visto sin saber lo que representa. ¡Qué buena ha sido la Virgen con nuestra familia!

A pesar de la difícil situación económica de la familia, pues los gastos eran enormes, pudieron mandar algo a Tulio, quien fue reunirse a Panamá con Pedro Nel. Allí era Obispo el Reverendo Padre Paul, jesuita, amiguísimo de la familia y compañero de destierro en Guatemala. El ayudó para que pudiera hacer el viaje a California, fueron ellos a casa de María Josefa, nuestra hermana casada con José Mariano Romá, quienes lo acogieron con mucho cariño. Ellos iban a seguir allí sus estudios, pero no querían serle pesados a sus parientes, así que tan pronto pudieron hablar un poco de inglés, ingresaron a la universidad de California y se dedicaron al estudio de minas; para ayudar a sostenerse, consiguieron colocación (Me parece que en una droguería) para trabajar en las horas libres de la noche.” (3)

De Costa Rica, por disposición de don Mariano, Tulio y Pedro Nel viajaron a estudiar Química y Metalurgia en la Universidad de California, Berkeley.  Allí, con frecuencia recibían la correspondencia del padre, siempre vigilante y atento a las directrices educativas para sus hijos:

“No se metan con lo más alambicado de la mecánica analítica y de las matemáticas trascendentales, consagrándose de preferencia a lo APLICABLE EN LA PRACTICA y procurando adquirir los conocimientos de los que llaman ingenieros mecánicos…. Hay ciencias muy atractivas, pero poco provechosas como la Botánica, la Zoología, la Astronomía, que deben dejarse a los ricos y, en el mismo caso se halla la Literatura. Religión y Moral, cuanta les quepa en el alma y en el cuerpo, ciencia aplicable y aplicada, muchísima; idiomas vivos, bastante, ciencia puramente especulativa, literatura e idiomas muertos, algo; novela y versos, nada.” (4)

En otra ocasión, el muy vigilante y preocupado padre de familia, don Mariano Ospina, escribía a los hijos sobre las cualidades que debe tener cualquier profesional, particularmente el ingeniero, donde la honradez es virtud superior, útil en grado sumo en los negocios:

“Lo más importante, cuando no hay capital, necesario es adquirir crédito y este se adquiere mostrando honradez, puntualidad, economía e inteligencia. Cualquier colocación es buena para hacer conocer estas cualidades que deben desplegarse con esfuerzo y constancia en todas las circunstancias de la vida.” (5)

En otra carta más personal, dirigida a Tulio, don Mariano, escribía:

“No pierda usted un momento, estudie y trabaje de continuo; ponga a un lado novelas, versos y pasatiempos estériles; renuncie a la cortedad, al encogimiento y al desprendimiento vanidoso del dinero que se deja estafar tontamente; con esa vanidad insensata no se puede prosperar. La pretensión de parecer rico gastando más de lo que se puede razonablemente y dejándose esquilmar en toda ocasión, es una mentecatez ridícula que, convirtiéndose en hábito, condena a la miseria a quien lo adquiere.

“Usted y Pedro Nel están ahora en la edad en que más se aprende en poco tiempo. La Providencia, que tanto nos ha favorecido, los dotó a ustedes de inteligencia y de un juicio recto, con una índole feliz, condiciones que agradezco a Dios con toda mi alma y por lo cual deben ustedes mostrarse siempre ardientes e intensamente agradecidos. ¿De qué les serviría haber nacido príncipes o millonarios, si hubieran nacido estúpidos, tontos o perversos?

Correspondan ustedes a los dones que la naturaleza les ha dado, cultivando y desarrollando con solícito esmero las prendas ventajosas que han recibido, y no tendrán que envidiar a los más favorecidos de la fortuna.

“Ustedes están ahora en una edad en que vive uno fascinado, en medio de una nube y de continuas ilusiones que prometen algo grande y extraordinario que lo espera a uno un poco más adelante y que le inspira una peligrosa confianza, que le hace perder el tiempo más precioso. Se asemeja esto a la alucinación de un viajero que, sin saber por qué, se imagina que en la posada le aguarda un gran banquete. Pero no hay tal banquete, y al llegar a la posada se encuentra únicamente con lo que él lleva en sus alforjas. Ahora están ustedes llenando la alforjas; según lo que ustedes echen en ella, así será la abundancia o la penuria en la posada; lo más grave en el caso es que no se pueda volver atrás a reparar la falta.

La ciencia es el más seguro de los caudales. Nada hay tan lisonjero como el poder decir con Simónides cuando todos quedan arruinados en el naufragio: Omnia mecum porto.” Idem

 

*  *  *

Después de obtener el bien buscado título, los dos hermanos orientaron sus pasos a Europa. En París, Pedro Nel se dedicó a complementar sus estudios en el Instituto de Química Analítica. Entre tanto, Tulio, buscando opciones empresariales, realizaba un largo y minucioso viaje de observación por las zonas fabriles de Inglaterra, Francia, España, Italia, Austria y Alemania. Era la manera más práctica de confeccionar un directorio industrial y comercial de las principales ciudades europeas que, sumado al directorio norteamericano, se convertiría en Medellín en una verdadera novedad, útil y orientadora.

 

Tulio unía a su capacidad de observación, agudeza y vocación de investigador. De esta manera, a lo largo de sus viajes por mar y por tierra, fue coleccionando con paciencia de científico mi l fórmulas y recetas de cocina y anotaciones sobre las más finas maneras de comportamiento social en todas las circunstancias de la vida, los buenos y distinguidos modales de caballerosidad y delicado trato con los semejantes. De aquí salió su famoso texto con varias ediciones: “Protocolo hispanoamericano de la Urbanidad y el Buen Tono”, que no es en forma alguna copia de los protocolos europeos, sino un manual adecuado para nuestra sociedad y nuestras gentes criollas.

De nuevo en Medellín los hermanos Ospina Vásquez, se dieron a la tarea de crear nuevas empresas, de mantener un ritmo e inquietud sobre realizaciones de acuerdo con las exigencias de la actualidad, sobre cambios necesarios, sobre innovaciones productivas. Iniciativas en el campo de importación de maquinarias, de ejemplares vacunos para mejorar la producción de carne y de leche, participaron en compañías orientadas a las urgentes obras públicas, a la creación y mejora de servicios comunitarios, electrificación, carreteras, ferrocarriles; e influyeron decididamente en la creación de la Escuela Nacional de Minas, en la confección de un pensum adecuado. y luego en su dirección. Pedro Nel, fue su primer rector y Tulio el tercero y, en un segundo período, rector y profesor hasta su muerte.

La formación intelectual y profesional de los Ospina Vásquez, fue sin duda distinta a la que prevalecía en Colombia en la segunda mitad del Siglo XIX. Al país lo regían los letrados, los latinistas y filólogos. Era el imperio de la República de las letras, cuando no de las armas. La literatura a veces altisonante, el costumbrismo y el buen humor medio socarrón, prevalecían sobre los estudios científicos. Por un Manuel Ancízar o un Agustín Codazzi, podían encontrarse cientos de prosistas y de versificadores en la órbita de Marroquín, Ñito Restrepo o de los integrantes de la Gruta Simbólica, con frecuencia todos más preocupados por la asonancia de las formas, que por el contenido de un mensaje vivificante y renovador de la mentalidad nacional.

La orientación y la formación universitarias, recibidas por Tulio y Pedro Nel Ospina, entregaron reales frutos a la patria. En su cuatrienio de gobierno (1922-1926) el Presidente Pedro Nel Ospina, cambió el ritmo y el rumbo del país. Así, lo reconocen a través de la historia, liberales y conservadores.

Sobre la vida de don Tulio Ospina, el libro “Tres Presidentes de Colombia” publicado por Juan Antonio Pardo Ospina, dice:

“En 1888 fue elegido representante al Congreso y presidió la Cámara en su carácter de Vice-Presidente. Presentó entonces un vasto proyecto de ley para la organización del Banco Nacional, al cual acompañó un extenso estudio sobre la materia, tan importante, que fue mandado a reimprimir por el Congreso de 1892… Obtuvo el doctor Tulio Ospina, por concurso en 1915, la representación de Colombia en el Segundo Congreso Científico Panamericano reunido en Washington, en el cual le correspondió presidir tres de las sesiones de Minería y Geología.

“Fue uno de los mayores y más técnicos productores de café en el departamento de Antioquia. Además, inicio la formación de dehesas con pastos europeos y la aclimatación de las razas Normanda y Ayrshire.

“La cultura exquisita del doctor Tulio Ospina y la sencilla elegancia de sus maneras fueron proverbiales. Poseía el don incomparable de la gracia, que chispeaba en su plática llena de amenidad y salpicada de anécdotas. Cortesano sin estiramientos y exento de la vulgaridad en que algunos caen, el doctor Ospina fue el tipo del gentleman genuino…

“Pocos días antes de su muerte se le veía aún hacer apuntes para una obra monumental a la que se había dedicado con verdadero ahínco durante cuatro años: un estudio sobre la prehistoria de las lenguas americanas.”

 

Don Tulio Ospina cumplió una fructífera labor como investigador y como educador. Darío Suescún en su Historia de la Minería Colombiana, y refiriéndose a don Tulio y a la Escuela de Minas de Medellín, dice:

“Con la visión futurista de su rector, el sabio Tulio Ospina, autor de la “Reseña Geológica de Antioquia” y eminente profesor de Geología y Mineralogía, se inició en Colombia el conocimiento científico y tecnológico de nuestros recursos naturales no renovables y empezaron a formarse los más destacados profesionales en las ramas de la minería, la geología, la cristalografía y la petrografía, para el conocimiento integral y aprovechamiento racional y metódico de las riquezas del suelo y del subsuelo patrio.

“De esta  Escuela, continúa el profesor Suescún Gómez, en el último decenio del siglo XIX y en los primeros tres del siglo XX, egresaron promociones de ingenieros civiles y de minas que empiezan a señalar derroteros de superación al país y a construir carreteras, ferrocarriles y fábricas, en función del desarrollo técnico y autóctono de nuestras posibilidades reales, y a tecnificar la incipiente minería colombiana.” (6)

 

 

Por su parte el profesor Luis López de Mesa en su “Escrutinio Sociológico de la Historia de Colombia” dice, que a don Tulio Ospina puede considerársele abanderado nacional de la Mineralogía “por las revelaciones que hizo en 1911 acerca de la estructura de la Cordillera Central de los Andes.” (7)

El ingeniero de minas, Gerardo Botero Arango, hijo del historiador y patricio liberal de Antioquia, Roberto Botero Saldarriaga, en sus “Apuntes para una Historia de las Investigaciones geológicas en Colombia”, dice al respecto de los investigadores que han tenido relaciones con la Facultad de Minas en su parte geológica:

“Don Tulio Ospina, ingeniero de Minas graduado en la Universidad de California… fué persona de múltiples actividades, minero, agricultor, ganadero, etc.  Su contribución escrita más importante fué su “Reseña Geológica de Antioquia”…  notable por la atinada distribución estratigráfica dada a las formaciones geológicas conocidas en Antioquia por esta época.  Al final de la “Reseña” se encuentra además, un apéndice sobre depósitos minerales y suelos agrícolas colombianos.”(8)

 

Entre otros trabajos realmente importantes publicados por don Tulio Ospina, a más del “Protocolo” y los ya mencionados, relacionemos los siguientes.  Como historiador, Presidente y Miembro de la Academia de Historia:  “Biografía del Oidor Mon y Velarde”, el mejor trabajo histórico-biográfico que se conoce sobre este notable personaje de la historia auroral del pueblo de “la dura cerviz”; y “Disertación sobre los antecedentes y consecuencias de la independencia de Antioquia”.  Otras obras: “Estudios de Plantaciones de Quina” (1879)  “Estudio sobre Lenguas Americanas”,  “Reseña sobre Geología de Colombia”, (1911), “Clasificación Megascópica de las rocas” (1919) “El Cultivo del Cacao en Antioquia”, (1886) “Lecciones de Geología” “Notas sobre Agricultura Colombiana” (1913)y finalmente, para no quedarse atrás de los escritores de su tiempo, dos cuadros de costumbres:  “Amores en la Montaña” y “Mariquita la morena”. Además, “Geología General Económica de Colombia” (1939) publicación póstuma.

Como empresario y hombre de negocios, don Tulio procedía con admirable tino y transparencia.  Así, lo reconocían sus colegas y contemporáneos.  No fué un ambicioso desaforado.  Otros valores y perspectivas mantuvieron prevalencia en su espíritu.  Cierto carácter experimental identificaba la razón de ser de sus, a veces, múltiples y diversas empresas, tanto agropecuarias como comerciales y de negocios.  Como Rector que fué por muchos años de la Escuela Nacional de Minas, y Rector de la Universidad de Antioquia de 1905 a 1911, sus actividades todas estuvieron vinculadas y al orden del día dentro del universo dinámico de su persistente acción pedagógica e incansable actividad de transmitir conocimientos útiles y prácticos.

A partir de su regreso de Europa y dentro de la firma Ospina Hermanos, tanto él como sus allegados, vivieron una febril actividad.  Organizaciones francesas, por ejemplo, podían poner los recursos pecuniarios y los Ospina la dirección técnica de los proyectos.  Participaban así mismo, en licitaciones públicas de Medellín y Bogotá para obras oficiales o privadas de infraestructura, electrificación, construcción de edificios públicos, puentes, carreteras y ferrocarriles.

No todas las veces el éxito los acompañaba en estas actividades profesionales.  El país carecía de un ambiente adecuado para el tranquilo y normal desarrollo de iniciativas y planes de estas dimensiones.  Por otra parte, se carecía de personal calificado indispensable para muchos trabajos.  A estos riesgos se sumaba la carencia de comunicaciones y de una estable paz interna en el país, limitantes que con frecuencia producían descalabros económicos que afectaban en forma grave, no sólo la economía de los particulares, sino la economía del país.

Pero, pese a todo esto, los Ospina estaban conscientes de todo lo positivo que estos trabajos, a la postre, dejaban a la nación, gracias a una racional transferencia de tecnologías, a más de la importación de equipos y maquinarias y de material científico y técnico, lo que contribuía necesariamente a un cambio de mentalidad y a crear para el futuro nacional mejores posibilidades para el desarrollo.

El cumplimiento de don Tulio Ospina en sus compromisos comerciales, era algo proverbial en Medellín.  Su hija Margarita en reportaje concedido a la prensa, contaba cómo su padre, solía salir de sus bienes más queridos y más trabajados, para no incumplir con sus obligaciones crediticias, cuando se presentaban reveses, casi siempre como consecuencia de la inestabilidad económica del país.(9)

 

Jaime Sanín Echeverri, alguna vez confidente de Mariano, hijo de don Tulio, trae esta acotación afortunada en su libro “Ospina Supo Esperar”:

“Por todo ello la familia Ospina estaba muy lejos de sentirse afortunada, pero todos, principalmente don Tulio, relacionaban todas sus desdichas con la política.  En las haciendas, cuando triunfaban los conservadores, arriaban el ganado vacuno y campeaban sobre el caballar y el mular como en cosa propia para defender la legitimidad.  Si la suerte de las armas favorecía un día a los liberales, ocupaban las casas, cogían las cosechas y se llevaban el ganado a título de indemnización.  Entre los compartos y el abigeato como retaliación militar, don Tulio estaba por aquellos trágicos días del papel moneda, tan endeudado como jamás pensó llegar a estarlo.  La quiebra del Banco Popular, lo llevó por fin al extremo.  La administración de sus propiedades pasó jurídicamente y por propia voluntad a manos de sus acreedores.  Tenían tal confianza en su probidad y eficiencia que en la práctica lo dejaban y le pedían que él hiciera y aconteciera sin tenerlos en cuenta.  Algo pudo vender y pagó todas sus deudas.  Por entonces, doña Ana Rosa hizo confituras y quesos para la venta y ayudó a sostener el hogar.”(10)

Fué un educador moderno que, desde la cátedra de la Escuela de Minas y de la Universidad de Antioquia, entregó a la juventud con pertinaz dedicación, igual que su maestro y padre don Mariano Ospina Rodríguez, una enseñanza práctica y muy técnica, formando ingenieros administradores, e induciendo a los alumnos a crear empresas grandes o pequeñas que les aseguraran la personal independencia y libertad.

En 1958 don Gabriel Cano, Director de El Espectador, publicó un erudito ensayo con el nombre de “La ilustre casa de Ospina”, en el cual hace el siguiente boceto humano y espiritual de don Tulio Ospina Vásquez:

“La geología, la mineralogía y la agronomía de Antioquia, y aun la formación etimológica de sus dialectos indígenas, no consiguieron ocultar sus recónditos secretos al espíritu investigador de don Tulio Ospina, quien estudió con mente de sabio y corazón de patriota las características de ese suelo privilegiado, tan pobre en riquezas vegetales como rico en minerales tesoros. Descubrió don Tulio muchos filones de oro puro; pero la digna y discreta pobreza personal en que vivió y murió, está diciendo que su afán y su trabajo tenían mucho más de investigación científica que de especulación financiera, y los tesoros ocultos que halló o adivinó en las duras entrañas del suelo antioqueño, pudieron aprovechar materialmente a otros, pero a él no le dejaron sino dividendos intangibles, como los que en la época moderna les pudieron corresponder a un Pierre Curie por el milagro del radium o a un Albert Einstein por el prodigio de la energía atómica.

“Yo recuerdo particularmente la recia y afable personalidad de don Tulio Ospina en su carácter de educador,como rector y profesor de numerosas cátedras en la Universidad de Antioquia y en la Escuela Nacional de Minas de Medellín, y de manera personal e íntima lo evoco en sus amenas pláticas sabatinas en el aula máxima universitaria, sobre los deberes del ciudadano con respecto al Estado y sobre el comportamiento del caballero en sus relaciones de sociedad. Con palabras sencillas y dialéctica convincente, el insigne maestro se proponía en esas pláticas casi familiares, inculcarle a un grupo arisco de muchachos provincianos y montaraces los principios esenciales de la instrucción cívica, desde el servicio militar y obligatorio hasta el derecho civil -que es también otra obligación- al voto ciudadano.” (11)

Don Tulio Ospina Vásquez, murió en Panamá donde fue en busca de salud, el 17 de febrero de 1921, a los 64 años de edad. Lo acompañaban su hijo Mariano y el jesuita español Manuel Quirós y Palma. Esto ocurrió meses antes de asumir el poder el presidente Pedro Nel Ospina, su hermano, quien en su gobierno realizaría la transformación y desarrollo del país que su formación pragmática y técnica y su educación le imponían con acento imperativo, como hijo de Ospina Rodríguez.

En la familia Ospina descendiente de don Mariano Ospina Rodríguez, muchos grandes políticos y estadistas, profesionales eminentes, sin duda, pero el sabio de verdad, el colombiano de presentar en la academia más exigente, fue don Tulio Ospina Vásquez.

Capítulo Segundo

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

1)  Carrizosa Argáez, Enrique. “Linajes y Bibliografía de nuestros gobernantes”. Banco de la República. Bogotá 1983.

2)  Citado por Antonio Cacua Prada en su ensayo “Don Mariano Ospina Rodríguez”  Bogotá 1985

3)  Sanín Echeverri, Jaime. “Ospina supo esperar” Ed.Andes 1978

4)  Pardo Ospina, Juan Antonio. “Tres Presidentes de Colombia” Págs. 69,70 y 71 Ediciones Santafé, Bogotá MCMXLVI

5)  Gómez Barrientos, Estanislao. “Don Tulio Ospina” Pág. 254, Repertorio Histórico. Medellín 1923

6)  Mayor Mora, Alberto. “Etica, Trabajo y Productividad en Antioquia” Pág. 34, Tercer Mundo. Bogotá 1988

7)  Chaparro y Sagasti (Compilación) “Ciencia y Tecnología en Colombia” Pág.189, Editorial Escala. Bogotá 1956

8)  López de Mesa, Luis. “Escrutinio Sociológico de la Historia de Colombia” Pág 293, A.Colombiana de Historia. Bogotá 1956

9)  Chaparro y Sagasti (Compilación) “Ciencia y Tecnología en Colombia” Págs. 170-71, Editorial Escala. Bogotá 1978

10)Reyes, Catalina. Entrevista a Margarita Ospina. Abril/90

11)Sanín Echeverri, Jaime. “Ospina supo esperar” Ed. Andes Bogotá 1978

12)Cano, Gabriel. “Apuntes de un Espectador” Págs. 323-24, Biblioteca Pública Piloto. Medellín 19791&1webmail.comSincera SN-828программа

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