Capítulo Cuarto

AQUELLA TARDE PARLAMENTARIA

Un día del período legislativo de 1924, en memorable sesión vespertina del Senado de la República, subió a la tribuna de los oradores, el joven senador antioqueño Mariano Ospina Pérez. En forma muy espontánea, y por cuanto lo creía absolutamente necesario, precedió en tal ocasión ha hacer su primera intervención de fondo, justo en el debate sobre iniciativas del Ejecutivo, relacionada con la unificación de la deuda externa. Proyecto éste presentado por el gobierno del General Pedro Nel Ospina, y como uno de los resultados de la Misión Fiscal enviada a Londres, integrada y cumplida por Alejandro López, Tomás Suri Salcedo y Gabriel Posada.

Veinte años después (1943) en memorable reportaje, Ospina Pérez evoca aquel momento estelar de su vida y de aquella Administración:

“El proyecto era combatido furiosamente por los más elocuentes senadores liberales, encabezados por el doctor Antonio José Restrepo, y por varios de los conservadores oposicionistas y pertenecientes, unos al grupo vasquizta y otros al grupo romanista. La derrota del gobierno parecía ya inevitable, pues estaba asegurada una mayoría en contra del proyecto. En ese momento me acerqué al Ministro de Hacienda, el doctor Aristóbulo Archila y al doctor Esteban Jaramillo, el más destacado de los senadores conservadores en materias financieras, y les pregunté si creían que una intervención mía, por desmañada y deficiente que fuera, podría empeorar la situación del proyecto del gobierno; ambos me manifestaron que consideraban que el asunto estaba perdido por el momento y que creían que mi exposición en ningún caso empeoraría las cosas.” (1)

Ciertamente eran los días de la más reconocida eficacia del poder legislativo y estaba en su furor, además, la brillantez y la pomposidad de la oratoria parlamentaria. Entre sus colegas de la cámara alta se distinguían ilustres figuras nacionales. El payanés y esclarecida cifra de la poesía castellana, Guillermo Valencia (1873-1943); el muy erudito y temible parlamentario Antonio José Restrepo -Ñito Restrepo- (1855-1933); el historiador y más tarde presidente de la Dirección Nacional Liberal que proclamó la candidatura de Olaya Herrera, senador por Antioquia, Roberto Botero Saldarriaga (1871-1948); el profesor de Economía y Hacienda Pública en el Colegio Mayor del Rosario y la más reconocida autoridad en la materia, Esteban Jaramillo (1874-1947); el castizo prosista y grandilocuente orador popular José Manuel Saavedra Galindo (1885-1931); en fin, el pensador boyacense Miguel Jiménez López (1875-1955); el fundador en 1919 del gran diario escrito “Vanguardia Liberal”, Alejandro Galvis Galvis (1891-1981); el muy notable dirigente e historiador barranquillero, Abel Carbonel (1879-1971); el político conservador, Román Gómez (1879); el dirigente y ensayista caldense Emilio Arias Mejía (1892), todos, relevantes colombianos que, en el inmediato futuro, muchos de ellos, habrían de tener singular desempeño al servicio del país. Senadores de aquella Legislatura, cuando al Congreso de Colombia se iba a trabajar casi ad-honorem y no era una excepción llegar allí, sólo por la eminente posesión de sólo méritos morales o intelectuales. (2)

El orador con el uso de la palabra en aquella sesión senatorial era, además sobrino del Presidente de la República. Ser hijo en Colombia del ejecutivo, paradójicamente se convierte en un obstáculo para ascender en el atorado escalafón político y esa circunstancia hace más recio y duplicado el trabajo, dificultades estas que no todos son capaces de vencer. El joven senador Ospina Pérez, 33 años, inicia su exposición con un allí desacostumbrado tono coloquial y expositivo. Nada de las cascadas idiomáticas y retóricas de Valencia, Saavedra Galindo o Ñito Restrepo. La especialidad del orador de esta memorable tarde son los temas técnicos, administrativos y económicos. Su léxico pertenece a la jerga de la economía y de la hacienda pública. Su estilo, reposado y analítico. Nada de rencillosas alusiones políticas o giros exacerbados. Si, el imperio de la sindéresis y el equilibrio emocional. Su formación académica y cristiana, lo aleja de toda arrogancia. Ciertamente que sus coetáneos lo recuerdan como un hombre cortés que planeaba sus intervenciones con exigente regla de cálculo. Tiene la sencillez y la modestia de los sabios de su tierra y de su estirpe. En aquella expectante ocasión, inicia su intervención con esta desprevenida advertencia: “No lo hago con la intención de ilustrar, sino con el propósito de someterle al Senado unos puntos de vista en calidad de dudas, a fin de que me sean resueltas, y orienten así mi criterio en materia de suyo tan intrincada.”

En estas aseveraciones no sólo hay autenticidad, sino conocimiento de la idiosincrasia de sus conciudadanos. El entreveía con claridad la razón óptima, pero sus colegas podían estar con la mente nublada por las prevenciones contra el gobierno y contra todo aquel que pretendiera disentir de unos puntos vista ya generalizados. De allí porqué el expositor de aquella sesión vespertina, prefirió como una constante, la marcha racional y el método desprevenidamente didáctico del profesor de matemáticas, del hasta ayer catedrático de Economía Industrial, de Economía Política y Estadística.

El senador Ospina hace su intervención con ese acento característico de sencillez casi campechana de las gentes de la comarca antioqueña. Coordina, además, una terminante defensa del Jefe del Estado, víctima en los mentideros callejeros de maledicencias y bellaquerías. “Alrededor de este problema -dice con tono reposado- se ha tejido una madeja de suposiciones y de suspicacias para llevar al ánimo del público que el Presidente de la República tiene intereses vinculados a la negociación, lo que carece en absoluto de fundamento, tanto que para el gobierno sería un verdadero alivio que lo descargaran de esa preocupación, pues, para su tranquilidad y para su conciencia, es suficiente el esfuerzo hecho en el sentido de realizar una operación que considera salvadora para el país, preocupándose del futuro y olvidando el presente.”

Desde este momento, quienes propalaron la especie de que el Presidente de la República buscaba enriquecerse con la unificación de la deuda externa, no volvieron a tocar el tema, desarmados ante la claridad y rotundidez de las palabras del senador Ospina.

Dentro de un sostenido silencio en el recinto parlamentario, el orador continúa su exposición: “Se ha dicho que esta negociación no interesa al país, y que éste la rechaza por inoportuna. Este concepto no es del todo exacto. Tanto es así que un respetable diario vespertino -que no se distingue precisamente por su benevolencia para juzgar los actos del gobierno- al referirse al asunto, manifestó claramente que la negociación sí es conveniente, pero que ha sido mal dirigida. Otro diario de fuera de Bogotá, “El Colombiano” de Medellín, prestigioso periódico de aquella ciudad, también es partidario de la operación. Y últimamente se me ha informado que el comisionado de la ciudad de Barranquilla en Nueva York para gestionar un empréstito, ha comunicado que uno de los obstáculos para el buen éxito de su misión ha sido el de que la deuda colombiana no esté consolidada.”

Después de aclarar algunas dudas semánticas del senador Restrepo, el expositor continuó, así: “Decía que sí hay opiniones muy respetables a favor de la medida, y ello conduce a esta consideración: si la medida es conveniente, pero se cree que ha sido o será mal conducida por el gobierno, entonces lo racional, lo cuerdo, sería fijar las bases en que pueda celebrarse la negociación, estableciendo el límite hasta donde puedan llegar los encargados de gestionarla, y si hay desconfianza en que los negociadores cumplan su cometido con probidad y acierto, entonces elíjase una comisión del Senado que se encargue de dirigir el asunto y, si es necesario, que lo haga ad-referéndum: en esta forma quedarían eliminadas las conjeturas y las suspicacias.”

Luego de algunas explicaciones sobre el sentido y metodología de la operación, el senador Ospina, continúa: “Se ha dicho también que la diversidad de nuestros papeles hace imposible o inconveniente la operación… eso tendría algún fundamento si esos papeles tuvieran una sola garantía, es decir, si no se tratara de una primera, una segunda y una tercera hipotecas, como es el caso nuestro. Además se olvida que éstas cuestiones se rigen por una ley precisa que es la ley del equilibrio, y que todos esos bonos, de distinto tipo, distinta garantía específica y distinta cotización, buscan ese equilibrio y por medio de compensaciones y promedios, llegan a un término o tipo común en relación con otro bono, fenómeno tanto más natural e inevitable cuanto mejores sean las condiciones del bono que se ofrece en cambio.”

Era, pues, evidente en la bancada senatorial una tranquila satisfacción derivada de la admirable claridad y dominio esclarecedor del tema por parte del senador con el uso de la palabra.

Ya en la parte cenital de su exposición, donde se descubría el claro discurrir de una metodología magistral y hondo sentido pedagógico, el senador Ospina Pérez, plantea en honor de una honesta claridad del asunto, las siguientes cuestiones como interrogantes:

“Primera. ¿Es necesario o inconveniente para el desarrollo futuro de nuestro crédito, la negociación?

Segunda. ¿Es oportuna?

Tercera. Tal como está planteada, ¿es desastrosa, como se ha afirmado?

Cuarta. Si es conveniente y oportuna, y lo que no satisface es la forma como está dirigiéndose la operación, ¿qué es lo que de veras importa resolver?”

El ingeniero y expositor con la intervención de varios de sus colegas, ha dado respuestas a los interrogantes planteados.

Respecto a la oportunidad de la operación, dice: “Se ha afirmado que la medida es inoportuna por las condiciones actuales del mercado del dinero. Antes de referirme a este punto quiero observar que la sola enunciación de emitir un bono único para unificar la deuda, daría ocasión a la más activa propaganda favorable al país, pues de ello se encargarían los interesados en esta clase de operaciones, por medio de sus agentes en todo el mundo, fuera del tiempo que ganaríamos con ello, factor decisivo en estos negocios. ¿Que hoy el interés es muy alto? El cambio de un bono por otro no afecta ese interés, pues en ello existe la proporcionalidad de que antes se habló.”

Y el expositor concluye: “¿Que es desastrosa la operación? La operación tal como está planteada por la Junta Nacional de Empréstitos,ocasionaría una pérdida de seis millones de pesos, se ha afirmado. La deuda inglesa es de 3.200.000 libras esterlinas. Los bonos del año 96 se cotizan al 70 por ciento. Los de 1911, al 100 por ciento. Los de 1913 al 100 por ciento. Los de 1920, al 85 por ciento. Los de 1916, al 85 por ciento.  Estas son las bases de una posible negociación, para la cual habría que hacer una emisión de bonos de 2.800.000 libras.  Los intereses de la deuda son de 153.600 libras al año,los que habría que servir con el nuevo bono de amortización,hasta llegar a cero. Es decir, que en el término de veinticinco años, por ejemplo, la pérdida solo alcanzaría a doscientas mil libras por intereses. Conclusión, que no se trata de una operación desastrosa ni descabellada, que vaya a ocasionar una pérdidas fantástica de seis millones.” (3)

Al bajar de la tribuna, el senador Ospina Pérez, recibió de sus colegas una variada manifestación de congratulaciones. El proyecto de unificación de la deuda externa estaba salvado. Aquel día se había perfilado no un desmesurado  parlamentario, sino el estadista integral, el completo hombre de gobierno que sabe manejar sin estridencias los más complejos meandros de las situaciones y de los hombres. Alguien hubiera podido decir, como Lord Weberforce en la Alta Cámara después de escuchar a William Pitt: “Sus discursos eran los de un matemático: exaltaba las cosas a medida que avanzaba; después  volvía a su punto de partida con la más asombrosa facilidad.” (4) Se patentizaba, pues, el triunfo de la fuerza de las palabras sinceras, de la evidencia y de las buenas intenciones, en una época en que la imagen política se construía con desmesurados arrebatos oratorios o destruyendo con toda clase de recursos, a desprevenidos y grandes prestigios nacionales.

Al día siguiente el diario El Tiempo publicó este comentario:

“El senador Ospina Pérez, con la más inquebrantable serenidad, con la frialdad de un médico, del médico que hace una disección, y con un prodigioso dominio del asunto, hizo una admirable exposición en que analizó uno a uno los distintos aspectos del problema, refutando los argumentos que se habían expuesto en contra de la unificación de la deuda, con tan grande precisión y acierto y con tal feliz éxito que, al terminar, fue calurosamente aplaudido por casi todos los senadores; estos acudieron en grupo a su curul para felicitarlo. Logró así, al mismo tiempo, un innegable y significativo triunfo parlamentario; pues, votada la proposición, en cuanto terminó su discurso, fue aprobada por veinte votos contra once, con la circunstancia de que en la tarde de ayer se tenía resuelta una nueva derrota del gobierno en este particular, para lo cual había votos de sobra.” (5)

 

Por su parte el diario “El Espectador” editorializó:

 

“La sesión de ayer en el senado fue una gran sorpresa para todos, amigos y adversarios del proyecto sobre unificación de la deuda externa, que ha embargado la opinión durante los últimos años. Se esperaba que al votarlo sufriría el gobierno una derrota, que tendría inevitables consecuencias políticas; ya que, a pesar de los últimos sucesos que han descoyuntado la oposición, este debate revelaría la existencia de un grupo decidido a impedir el paso de ciertos proyectos oficiales.

Pero la meditada, serena y completa exposición del senador Ospina Pérez detuvo, si no alcanzó a cambiar, el rumbo de los acontecimientos.” (6)

 

Fue en realidad el tranquilo éxito de una bien organizada inteligencia.  El triunfo político y parlamentario de un ingeniero que no se va por las nubes, sino que tiene los pies correctamente puestos sobre el terreno de las realidades y hacia éstas impulsa sus naves.  La victoria quizá de un espíritu que bien intuía la existencia, además, de una dinámica y de una estética fecunda de los números y de las categorías con fuerza de revelación inmediata.  De una carga de convicciones que se entrevera con los signos exactos y las proposiciones con rotunda estructuración de sujeto, verbo y atributo.  Esto lo sabían ya los griegos de antes de Cristo.  Con gran énfasis los discípulos de Pitágoras, el esotérico filósofo de Samos, que creía en el número “como el principio de todas las cosas”.  Su teorema tiene la belleza de una octava real del siglo de oro español: precisa en sus dimensiones, exacta en su contenido, inequívoca en su mensaje.  Paul Valery, concebía el rigor en el arte y en el pensamiento como una ecuación.  El problema de las luces, por ejemplo:  Al principio imposible e inexplicable para el precario intelecto, luego agresivo en su proceso demostrativo, después, luminoso al despejarse la incógnita.  El bíceps cerebral debe, por el juego de las abstracciones matemáticas, tener la agilidad de los músculos del cuerpo en las graves competencias agonales.

Sin duda que las matemáticas son la calistenia de la inteligencia.  Libreta de navegación dentro de los grandes propósitos y las indeclinables metas.  Evolutivas y luminosas desde las connotaciones elementales, hasta la apoteosis de la teoría de los conjuntos o de la fórmula de la energía nuclear enunciada por Einstein.  El ejercicio cotidiano de la célula cerebral para hacer más ágil el movimiento del logos, más rápida la chispa que, en la meta final, aclara los interrogantes y despeja las tinieblas.

Saludables los baños de certeza y es grave asunto cuando los números se enferman de dubitaciones.  El clientelismo en política, es una fea progresión geométrica, una contraposición a la humilde y eficaz progresión de las soluciones pragmáticas.  Positivo todo ello, cuando la gente se aproxima o es inducida a un universo de orden, de categorías, de precisiones, transmutando los impulsos anárquicos en preceptos normativos y clarificadores.

*   *   *

El ingeniero Ospina Pérez como hombre público nacional, nace en aquella fecha parlamentaria del decenio de los veinte.

Aquella década fecunda de la vigésima centuria, quizá la más importante de la vida activa colombiana y en el proceso de desarrollo de nuestra historia nacional.  Al respecto, en una feliz aproximación, el profesor López de Mesa en un ensayo cenital, escribió alguna vez:

“En ese período mágico de 1818 a 1828, la riqueza colombiana se articuló, se vertebró por decirlo así; aumentaron las vías de comunicación, muchas industrias consolidaron su ruta, el capital abriose cauces inéditos; y lo que es supremamente definitivo, el espíritu se disciplinó en la audacia, en la conciencia de la paz, en el orgullo de la personalidad y de la nacionalidad.  Esos diez años valen más para Colombia que los cuatro siglos anteriores…”(7)

 

A nivel mundial todavía se sentían las consecuencias de la primera guerra (1914-1918) conflagración que, en sólo vidas humanas, le había costado a Europa más de nueve millones de seres humanos y destrucciones y quebrantamientos inconcebibles.   Toda la dinámica de esta década es como una respuesta generalizada a los daños y reveses del reciente enfrentamiento bélico mundial.  El francés, Paul Valery, en alguno de sus grandes ensayos de su obra “Política del Espíritu” y en una conferencia pronunciada en la Universidad de Zurich, consignaría esta dramática meditación:

“La tormenta acaba de concluir, y sin embargo estamos inquietos, ansiosos, como si la tormenta fuese a estallar.  Casi todas las cosas humanas permanecen en terrible incertidumbre.  Observamos lo que ha desaparecido, estamos casi aniquilados por lo que está aniquilado; no sabemos que es lo que van a hacer, y podemos razonablemente temerlo.  Esperamos vagamente, recelamos exactamente; nuestros temores son infinitamente más precisos que nuestras esperanzas;  confesamos que la dulzura de vivir está detrás de nosotros, que la abundancia está detrás de nosotros, pero que el desarrollo y la duda están en nosotros. No hay cabeza pensante, por muy sagaz, por muy instruida que se la suponga, que pueda vanagloriarse de dominar ese malestar, de escapar a esa impresión de tinieblas, de medir la duración probable de este período de perturbaciones en los intercambios vitales de la humanidad.

“Somos una generación muy infortunada a la que le ha tocado ver coincidir el momento d su paso por la vida con la llegada de esos grandes y pavorosos acontecimientos cuya resonancia colmará toda nuestra vida.

“Puede decirse que todas las cosas esenciales de este mundo fueron afectadas por la guerra, o, más exactamente, por las circunstancias de la guerra: el desgaste ha devorado algo más profundo que las partes renovables del ser.” (8)

 

Por el año de 1925 en España, José Ortega y Gasset, ya ha publicado su “Rebelión de las masas” y ha iniciado hacia la plenitud la carrera de su magisterio espiritual. Da testimonio del advenimiento de las masas al pleno poderío social: “La muchedumbre de pronto, se ha hecho visible, se ha instalado en lugares preferentes de la sociedad. Antes, si existía pasaba inadvertida, ocupaba el fondo del escenario social, ahora se ha adelantado a las baterías, es ella el personaje principal, ya no hay protagonistas: sólo hay coro.” (9)

Bajo el estimulo de la Misión Alemana para la Reforma Educativa, contratada por el gobierno del General Pedro Nel Ospina, se cumple la visita a Colombia del famoso pedagogo belga Ovidio Decroly y se radica entre nosotros el educador alemán Julius Sieber. Los ilustres educadores colombianos Rafael Bernal Jiménez, Tomás Cadavid Restrepo y Agustín Nieto Caballero, entre otros, se esfuerzan por llevar a la práctica las ideas y acciones de la Educación Nueva, por su eficacia ya en boga en muchos países de Europa, y los métodos de la enseñanza activa. Sistemas estos que, deliberadamente, se oponen a la escuela tradicional y al “maestro dictador” y memorizador. (10)

La educación nueva considera que toda enseñanza debe ser creadora y formadora, obrando en armonía con los métodos de la enseñanza activa. Se busca con los hombres formados con las severas disciplinas europeas, crear un nuevo hombre colombiano, capaz de pensar, investigar y formular soluciones con modelos propios, adecuados para lograr respuestas a los graves problemas nacionales.

A finales de la década se presentó la gran crisis económica en el mundo capitalista. La prensa informó, de diversas maneras, las dimensiones de la catástrofe en repercusiones en todas partes:

“En Nueva York, durante los últimos días se venían observando en el mercado de valores industriales, muy frecuentes y tremendas sacudidas. Ayer terminó ese estado de cosas en una verdadera catástrofe económica, cuando el pánico se manifestó violentamente por medio de la liquidación de los papeles. En el recinto de la Bolsa se presentaron escenas que tenían todas las apariencias de verdaderos ataques de histeria. Los “brokers” dieron la voz de “sálvese quien pueda” y, gesticulaban y manoteaban en delirio agónico, empeñados en vender las acciones que se les había encomendado.

“La tormenta se exteriorizó no solamente con gritos desaforados, sino que en el colmo de la desesperación se veía cómo se halaban de los cuellos y corbatas los corredores de comercio. El enorme pánico se contuvo gracias a una verdadera muralla de oro que levantaron muchos poderosos banqueros, encabezados por Morgan, cambiando en demanda de compra la terrible oferta de papel.  Los diarios de hoy publican los resultados de este fenómeno en las principales bolsas de Europa, por los cuales se comprueba que la repercusión fué muy funesta.”(11)

 

Así, eran aquellos días en los cuales Ospina Pérez inició con decisión y exactas proyecciones, una basta empresa de cambio, una travesía de medio siglo a favor de los colombianos.

 

Capítulo Cuarto

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1)   Ospina Pérez Mariano “Obra Selecta” Compilación de Francisco Plata Bermúdez.  Pensadores Políticos Colombianos.  Cámara de Representantes Editorial Bedout 1982, pág.194

2)   Anales del Senado.  Imprenta Nacional.  Junio 28 de 1924

3)   Anales del Senado

4)   Jacques Chastener. William Pitt. Editorial Nova. Buenos Aires 1945

5)   El Tiempo, Bogotá 1924

6)   El Espectador, Bogotá 1924

7)   López de Mesa, Luis “De cómo se ha formado la nación colombiana” Editorial Bedout Medellín 1970.  Págs. 139 – 40

8)   Valery Paul.  Política del Espíritu.  Editorial Lozada S.A. Buenos Aires 1945.  Págs 43 y 44

9)   Ortega y Gasset, José  “La Rebelión de las Masas”.  Colección El Arquero Revista de Occidente.  Madrid.

10) Ocampo López Javier “Educación Humanismo y Ciencia”.  Imprenta de la Universidad Pedagógica de Colombia.  Tunja 1978

11) El Tiempo, Octubre 26 de 1929.  Título de la noticia:  Las terribles escenas del pánico Económico en Nueva York.  Cita de Patiño Roselli en “La Prosperidad a debe” 1981пол с подогревом ценачугунный казан купитьtwitter

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