9. GRATITUD

Y decía …
que las agrestes vecindades
de las altas tierras
lo veneran.

Con regularidad
se topan con él
por los caminos de herradura
de Pisba para abajo
o en las pesebreras
de los poblados invernales,
en los mercados públicos,
en los templos silentes,
en las líneas fronterizas.

Y cuando va por el atajo
fangoso y difícil
Simón el exguerrillero,
con su carga amarilla
de naranjas lustrosas
en el macho viejo
con su café pasilludo,
sabe muy bien
que al fin de cuentas
puede ir así
con sus ilusiones
para ofrecerlas en la aldea,
pacíficamente,
porque Bolívar
en un día de campo
le arrancó de sus pies
los hierros de la ignominia.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *