3. EL VIGIA

Desde la eternidad
incansable
trabaja
en su hamaca de nubes
y de cabuya indígena.
El heliotropo de su mente
no descansa.
Vigila,
corrige,
endereza conductas.
Sus cartas admonitorias
proféticas,
las de Jamaica y Cartagena,
su memoria
a los ciudadanos neogranadinos,
su discurso de Angostura,
el de Cúcuta en 1821
sus mensajes al Congreso Admirable,
la proclama final
frente al mar Caribe.

Su verbo recordado
detiene tempestades
pasiones políticas
del mestizaje intelectual.

Y sigue guerreando
con ideas cenitales:
educar a la juventud,
obedecer la Constitución.
“Si no hay respeto sagrado
por las leyes y las autoridades,
la sociedad es una confusión.”

Escuchar la voz del pueblo,
es su ejemplo vivo:
como hombre de armas
como ciudadano de Colombia.

Moral y luces:
itinerario para los hogares
consigna en los cuarteles,
aliento de las oficinas públicas.

Bolivar
padre sin vacaciones,
presente día y noche
en La Guaira
orillando el golfo de Maracaibo,
por Puerto Cabello
en Curazao
en San Antonio de Táchira.

Por los predios del Bárbula
de Puerto Principe
de la Villa de Aragua
de Carápano y Jamaica.

Lo encontramos en la Guayana
en las márgenes del Orinoco
en el estero de Casacoima
en San Juan de Payara
en los tumbos del Casanare
y en San Mateo.

Por las fronteras colombo venezolanas,
por los ejidos de Pasto;
espectante el Libertador,
en Rumichaca
en el Callao
en Pativilca
en la Llanura de Sacramento
o en las márgenes de Apurimac.

Después
veloz y desnudo en su pegaso
por los dominios pijaos y quimbayas;
por la cordillera del Cóndor
en Chuquisaca
en las montañas del Potosí
en el Portete de Tarqui
en el Pacífico y en el Atlántico.

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