5.- DORA CASTELLANOS

Un nombre cimero de la Poesía Colombiana

– I –

Dora Castellanos

Dora Castellanos

El más alto poeta vivo de Colombia a la altura de estos finales de centuria y principios del actual siglo 21, es una ilustre mujer y se llama Dora Castellanos. La más erguida y sostenida inspiración lírica de la Colombia actual; la poesía más empinada, intensa y mejor instrumentada que se escribe en la Colombia de finales del siglo XX, no puede tener un crédito distinto al de Dora Castellanos. Reto cordialmente a los críticos y analistas literarios del país y a nivel de Latinoamérica, para que examinen mi aserto, estudiando comparativamente y a profundidad la extensa e intensa obra poética de esta bogotana de muy cimera inspiración y superior dominio del lenguaje artístico. Insisto en el reto, para que se estudien con severidad las calidades de la forma y la alta dosis de elemento puramente poético que se descubre en cada verso, en cada estancia y en cada poemario de esta escritora colombiana, cuya contemporaneidad con ella, honra y enaltece a la intelectualidad nacional de hoy.

Quizá, nadie había hecho antes esta aseveración. ¿Por qué?
¿Qué compromisos es posible que puedan prevalecer para guardar ese extraño silencio? En la maravillosa madurez poética del maestro Rafael Maya, nadie le negaba el título del más alto poeta colombiano vivo. Esto mismo se dijo justamente de Jorge Rojas. Pero, después de ellos, se ha hecho un gran silencio cobardón.

Por otra parte, nos preguntamos ¿Hasta cuándo tendremos que alimentarnos informativa e intelectualmente bajo la sombra de los mitos que crean con sutil malicia los amañados mecanismos y compromisos de la cultura oficial, algunos medios de comunicación y los compadrazgos reafirmados por debajo de la gran mesa cuadrada, entre los viejos y nuevos letrados colombianos? Entre esos literatos con frecuencia misógenos y los monumentales señorones del estado que dirigen la cultura a favor y con exclusividad para los amigos políticos incondicionales.
– II –
Dora Castellanos es autora de diez grandes poemarios, a saber:
Clamor (1948) un libro con los secretos de la eterna juventud literaria. Un alegro moderato para purificar las almas y su entorno. Todo allí es oración y canción. Sobre esta poesía escribió el poeta Octavio Gamboa:
“Esta muy lejos de toda simulación retórica. Su verso se ajusta de manera exacta a la concavidad de su silencio.”
Verdad de amor (Dos ediciones 1952 y 1955) Sobre los sonetos que contiene este libro dijo el exigente crítico Andrés Holguín: – “Densos, puros y emotivos- están entre los mejores de la lírica americana actual. Ellos son ejemplo de viva, de alta y de duradera poesía; allí la ternura y la pasión, la dulzura y la sensualidad -alternadas o entremezcladas- la gracia poética y la visión trascendente se enlazan en una amalgama raras veces lograda en la lírica femenina de habla española.”
Escrito está (1962) Pensando en este libro pudo exclamar el académico Carlos Enrique Ruiz:
“¡Qué alta lección de estética es la obra de Dora Castellanos! Una lección ejemplar en medio de la pedestre vida que transcurre por entre las modas literarias que tan pronto ocurren, ya fallecen, sin llegar a SER.”
Eterna Huella (Dos ediciones, 1968 y 1971) Al leer los sonetos de Dora Castellanos, Nicolás del Castillo Matiew, escribió en el diario El Tiempo de Bogotá:
“Dora Castellanos, algunos de cuyos sonetos se cuentan entre los mejores que se hayan escrito en lengua castellana de todas las épocas. ¡Admirable floración de madura inspiración femenina de la cual muy pocos países pueden ufanarse!”
Hiroshima, Amor mío (1971):
“… un asomarse patéticamente al abismo de la muerte….Aún allí está el amor, está la pasión, está la esperanza…La poesía sigue vibrando entre dos polos, la muerte y el amor, la tragedia espantable y la esperanza de un mundo mejor.” Palabras de Andrés Holguín sobre este poema.
Luz Sedienta (1972) El polígrafo y presidente, Carlos Lleras Restrepo, afirmó en 1975 en su Revista Nueva Frontera y refiriéndose a Dora Castellanos y su poesía:
“Lo que se advierte en el conjunto de su obra es un lento pero seguro caminar hacia la sabiduría…”
Año Dosmil Contigo (1977) Sobre este poemario afirma el poeta y académico venezolano, Luis Pastori:
“la autora se recrea a la vez que padece el estremecimiento humano, en un mensaje indudable capaz de consagrarla dentro de las voces más auténticas de la nueva poesía americana.”
Esta endecha del libro aludido es sencillamente magistral:
Aquel día que te vi/ -con aire de gran señor-
dije solo para mí:/ ¡qué tal que no hubiera amor!
Y después cuando te amé/ -por haberte conocido-
en silencio sollocé: ¡qué tal que no hubiera olvido!
Ay y cómo duele el alma,/ ayayay el corazón.
¡Qué tal que no haya otra vida/ y que allá no viva Dios!
Zodíaco del Hombre (1980) Un largo poema estructurado en 230 versos alejandrinos, más el poema Diorama en 85 versos, obra artística y laboriosamente trabajada. Sobre el sentido de éste gran poema, dice Enrique Caballero Escobar:
“En un espejo de muchas caras presenta al hombre, como las mujeres por siglos, habían ocultado que lo veían….Esta mujer vibrátil y honda, dotada de infinita riqueza verbal, ha revelado un secreto guardado milenariamente y ha pagado una larga cuenta pendiente…”
Efímeros Mortales (Dos ediciones 1990 y 1991) En el prólogo de este poemario dice la escritora María Cristina Laverde Toscano: “Dora Castellanos merece el reconocimiento de nosotras las mujeres y de todos los hombres del mundo. Ella también forma parte de ese grupo femenino que allana el camino  a las nuevas generaciones. Además de su vida y de su obra, existe un motivo nuevo para rendirle homenaje: más de cien años debieron transcurrir para que la Academia Colombiana de la Lengua aceptara en su recinto a una mujer. Y fue Dora Castellanos la primera nominada Miembro Correspondiente en el año de 1978.”
Otros libros realmente importantes de Dora Castellanos, son:
El Mundo es Redondo (1991) Redondillas a la manera de Sor Juana Inés de la Cruz. Perversillos (1996) fábulas que revelan aspectos festivos de la poesía y de sus temas. La Bolivariada (1984) es una obra monumental de Dora Castellanos sobre Bolívar y su genio.
En el año de 1985, el presidente Belisario Betancur al presentar a Dora Castellanos para un recital, dijo:
“Recibimos hoy en la Casa de Nariño a una de las más altas voces poéticas de nuestro tiempo…”

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