1.- NUESTRO LEGADO CIENTIFICO PARA EL SIGLO XXI

Los científicos colombianos a lo largo de la centuria anterior, trabajaron en diversos campos con un sentido altruista y positivo. Su tarea fecunda es y será útil a las gentes del país y de otras latitudes en los próximos años. Los nombres que nos ocupan, hacen parte de esa gran nómina de colombianos que nunca han buscado la bulliciosa fama de los políticos, por que están dedicados a la investigación con notable vocación y amor de patria y de humanidad. Allá, muchos de ellos todavía en el silencio de los laboratorios, donde no llegan con frecuencia el furor de la publicidad y de los reconocimientos públicos.

Enrique Pérez Arbeláez,(Medellín 1896-Bogota 1972) fue un activo continuador y heredero de la pasión científica del sabio Mutis; su libro “Plantas útiles de Colombia” y toda su obra científica, incluyendo el Jardín Botánico “José Celestino Mutis” de Bogotá, seguirán significando un poderoso aliciente para el país y para la ciencia.

Eduardo Posada, creador y director del Centro Internacional de Física, un Instituto privado de investigación conformado por doce sociedades de Física de Latinoamerica, Estados Unidos y España, dedicado fundamentalmente a la actualización, capacitación, investigación y desarrollo tecnológico con 132 socios, 80 físicos colombianos y 52 extranjeros, con realizaciones como el logro de Maloka, el Centro de Ciencia y Entretenimiento de Bogotá.

Manuel Elkin Patarroyo, quien con su equipo de investigadores, perfecciona una vacuna sintética contra la malaria con la cual se podrá salvar cada año un millón de vidas.

Camilo Llinás Riascos, bogotano nacido en 1934, autoridad mundial en investigación neurobiológica y quien ha presidido el grupo de científicos de laboratorio de neurociencias de la Nasa, actual miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y de la Real Academia de Medicina de España.

Emilio Yunes Turbay, cuyos trabajos de investigación y las pautas por el dadas al Instituto de Genética de la Universidad Nacional, mucho seguirán significando para el país. Y el agrónomo, Nelson Estrada Ramos, autoridad mundial en todo lo relacionado con la papa, que ha logrado nuevas variedades resistentes a las heladas.

Francisco Lopera, científico lider del grupo que trabaja sobre la enfermedad de Alzheimer. Y el médico Salomón Hakin, inventor de la válvula para drenar líquidos cefálicos. Y Jorge Reynols Pombo con sus experimentos de indudable alcance científico en los grandes cetáceos. Y el citopatólogo Alex Bustillo, con sus estudios para el control biológico del insecto defoliador que amenaza las reforestaciones en Colombia y quién, además, ha logrado el control de otras plagas que afectan la agricultura tropical.

El Ingeniero Mariano Ospina Hernández, investigador asociado de Harvard University, con su gran tema de investigación sobre la Integración Fluvial de Suramérica.

Los agrónomos Germán Moreno y Jaime Castillo, con el valioso aporte de la variedad Colombia de café, resistente a la roya. El ingeniero Germán Poveda de la Universidad Nacional, estudioso de los fenómenos hidrológicos del país. En fin, investigadores de tiempo completo como el genetista Elkin Lucena, el matemático José Fernando Isaza; el físico Javier Caicedo Ferrer de la Universidad de los Andes; el economista José Antonio Ocampo, etc. pueden entregar un legado positivo para el quehacer nacional de la próxima centuria.

Por otra parte, es apenas justo reconocer el papel perenne de algunas organizaciones de carácte universitario y de estímulo a la ciencia, organizaciones nacidas en la presente centuria, como la Fundación Alejandro Angel Escobar, la Pontificia Universidad Bolivariana, la Universidad de los Andes, la Universidad de la Sabana, la Universidad Sergio Arboleda, la Universidad de América, el Externado de Colombia etc. con directrices de muy severa proyección, gracias a la clara mentalidad de sus fundadores: Alejandro Angel Escobar, Monseñor Manuel José Sierra, Mario Laserna Pinzón, Octavio Arismendi Posada, Rodrigo Noguera Laborde, Jaime Posada Díaz y Ricardo Hinestrosa Daza. Estos colombianos, ciertamente, pensaban y piensan un poco más allá del espacio de sus propios afanes vitales.

 

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