EL ARTE DE ESCRIBIR, PERIODISMO, ENSAYISMO, HUMANISMO

Sobre la Misión de las Letras en la Educación
 (Lectura en el III Encuentro de Escritores 
aguadeños.)

Por Héctor Ocampo Marín

 

1.-PROEMIOS.

a) Cuando se toca el gran tema Letras y Educación, es desde luego explicable que se intente como primer paso expresar un poco, lo necesario,  sobre el arte de escribir. Tarea sólo a nivel de lo informativo y útil a todo profesional. A fin de que éste,  pueda comunicar con  claridad  sus inquietudes en todo aquello relacionado con los asuntos que lo preocupan  en los quehaceres de su Oficio.

b) Y tengamos en claro, además, la grandeza de nuestro idioma que se habla en 23 países, más de 400 millones de hablantes. En sólo Estados Unidos, lo hablan un poco más de 80 millones, la inmensa y creciente  colonia latina residente allí.

c) Recordemos así mismo, que nuestra Academia Colombiana de la Lengua, vive al tanto de los fenómenos lingüísticos que afectan o pueden afectar el idioma. Este alto organismo de la Cultura Nacional  fue fundado en 1871 por José María Vergara y Vergara, Miguel Antonio Caro, José Manuel Marroquín, José Caicedo Rojas, Rufino José Cuervo, José Joaquín Ortiz y otros eminentes colombianos del siglo XIX.

d) Y, como quizá un poco de lo anterior compromete nuestra memoria y capacidad de asimilación, no olvidemos que todos los seres humanos son inteligentes, sólo que hay unos más perezosos que otros. Los que leen más son, desde luego, los que saben más, esto nadie lo ha podido refutar.

e) Finalmente, que para el presente siglo y nuevo milenio el mayor capital  vivo será siempre el Conocimiento. Ya no van a significar mucho los haberes físicos: propiedades urbanas y rurales, ni tener muchas palancas. Lo que va a valer en toda circunstancia será, es ya, el verdadero Conocimiento, la preparación intelectual. No la ciencia que registran los certificados y diplomas, sino la que se posee en realidad, la que está aquí en la cabeza. Mucho cuidado con todo esto. Y sin excepción.  No nos podemos engañar.

2.- EL MANEJO DEL IDIOMA. No hay que tenerle miedo al idioma, a  nuestro idioma. Hay que forzar el idioma, hacerlo funcionar. Obligarlo a responder, a expresar con sencillez y claridad lo que queremos decir. Inducirlo a que actúe con eficacia a nuestro servicio, a favor de la claridad de nuestras ideas. Y de ese gran ideal que es hacernos entender de los demás. Y el secreto para lograr esto no consiste, exactamente, en saber muchas reglas de gramática, muchos detalles misteriosos del idioma. Basta con ser un buen lector de grandes autores antiguos y modernos. Leer ensayos, que nos enriquecen de ideas y afinan nuestra manera de expresarnos; la novelística que nos colma de inquietudes sociales; en fin, la poesía que enriquece el lenguaje y eleva nuestro espíritu.

No se preocupen mucho por los misterios en el manejo del idioma, preocúpense por la claridad de lo que quieren expresar, cuando hablan o cuando escriben. Con frecuencia una persona poco experimentada, permanece un largo tiempo frente a la pantalla en blanco de su computador. Y no es que no tenga tema. El caso es que no sabe como empezar. Se enreda.  Pero, la explicación de ese enredo,  ¿saben cual puede ser? Que tiene tema pero no lo conoce muy bien. Y uno nunca debe escribir sobre lo que no sabe. Esta es una regla de oro. Escribir sólo sobre lo que se conoce y se domina. Y escribir sin muchos empalagosos adornos, lejos de la enfadosa carga de adjetivos y de citas impotables. Por sobre todo entender que la claridad es la mayor cualidad de un escrito.

El académico español don Martín Alonso en su muy útil y recomendable libro, “Ciencia del Lenguaje y Arte del Estilo”, dice: “De todos los defectos del arte de escribir, el más ridículo es lo que se llama hinchazón.” [1] Y, ¿en que consiste esa hinchazón? En recargar lo que se dice o se escribe de muchos adjetivos, v.g. “muchacha hermosa, delicada, primorosa y amable”. Muchacha primorosa, es más que suficiente. Primorosa, puede indicar que es bella físicamente y dulce de carácter. Y es inaceptable el uso y abuso de palabras  desconocidas para el común de los mortales o el empleo exagerado de terminología especializada, como para que la gente no entienda.

Preocupémonos por hacer una conversa o una prosa con mucha sencillez en la marcha, fácil de entender por viejos y jóvenes. Clara y pulcra, como debe ser lo escrito por una persona  que le interesa ser entendida.  Simplemente, escribir con claridad, que todos nos entiendan como cuando contamos algo a la novia o al novio, a la esposa o al esposo,  a los amigos. Y logramos que entiendan  bien lo que queremos decir. Y hablando de expresarse o escribir en forma correcta, no le tengamos miedo a los puristas del idioma. Preocupémonos, desde luego, cuando alguien nos pueda decir: “Leí tu artículo en la prensa y entendí muy poco.” Grave cosa.

Alguna vez a cierto autorizado profesor de problemas del idioma, un estudiante le solicitó algunas reglas importantes para escribir bien, para hablar lo justo. Y esas reglas de oro, ya hablamos de una: Nunca escribir sobre lo que no conocemos. Los lectores de periódicos, cuando leen un artículo editorial descubren con gran facilidad, si el autor de ese escrito realmente domina a fondo  el asunto tratado.

Segunda Regla de Oro.  frases cortas. Una oración corta es la de renglón y medio o dos renglones y medio a lo sumo. Las oraciones cortas, sujeto verbo y atributo, obligan a ser muy conceptuales. En cada frase hay, o debe haber una idea clara y concisa. Y en las frases siguientes no se puede repetir el mismo concepto. Entonces la prosa  va a ser muy rica en ideas y el texto muy claro y con mucho mensaje. Las oraciones largas, de cinco o seis renglones, se prestan a la divagación, a las ambigüedades, al frondaje de palabras inocuas, que dicen cosas enredadas o que se prestan fácilmente a interpretaciones equívocas.

El contenido de lo que escribimos debe ser muy diciente, muy significativo, muy claro. Máxime cuando se trata de nuestro oficio o profesión. Esto es más importante que el estilo. Un viejo filósofo alemán que se llamaba Arturo Schopenhauer, decía, que “el ideal de los malos oradores y escritores es emplear palabras extraordinarias para decir cosas ordinarias. Mientras que el ideal de los buenos oradores y escritores es emplear palabras ordinarias para decir cosas extraordinarias.”

Y, hablando del arte elemental de escribir sobre asuntos de la vida ordinaria, el experto español en asuntos de la escritura castellana, León Daudí, dice en su libro “Prontuario del Lenguaje y del Estilo”: “Qué es escribir bien?  Unos escriben sin estilo, en forma descuidada, con pobreza de idioma, pero dicen cosas fuertes, de contenido muy sólido e interesante. Otros son estilistas, pero sin mucho contenido. Los escritores españoles pecan por miedo al punto.  Si escribieran con frases más cortas, con más puntos, escribirían mejor.  El párrafo largo es contrario a la claridad y al estilo.  Un buen consejo sería:  suprime adjetivos y añada puntos.” [2]

 

3.-EL PODER DE LA PRENSA. Hablemos un poco de la prensa. De los periodistas que escriben tanto y a veces tan bueno. Y hablemos un poco del poder de la prensa, poder explicable, únicamente, por la vocación y capacidad de servicio de esa prensa, de esos periodistas a la sociedad humana. Además, por la fuerza moral que esa prensa  interioriza, para poder canalizar caudales de opinión pública. Todo esto, teniéndose en cuenta, que la misión esencial de la prensa, es la misión de opinar. De opinar ante una comunidad casi siempre vacilante o perpleja, urgida de guías espirituales para el manejo inteligente no sólo de su mundo material, sino del mundo abstracto de las ideas, de las ideas políticas, administrativas, etc. Hoy, es universalmente aceptado que toda acción periodística debe estar orientada hacia el bien espiritual, social, intelectual y moral de la gente. Es importante que comprendamos bien esto.

Bueno. Y, ¿Cuando pierde poder, autoridad moral y prestancia un periódico? Simplemente cuándo abandona los difíciles caminos de la verdad. Cuándo por intereses poco claros, crea mitos y falsos prestigios literarios o políticos. Cuando dice mentiras, sacrificando el mundo de la verdad por hacer una chiva. Cuándo se aleja del lenguaje civilizado. Cuándo calla o falsea la verdad por temor a perder ingresos pecuniarios. Cuándo los lectores le pueden comprobar que algún periodista locato ha mentido. Quien afirmó que en Colombia los niños se alimentan comiendo papel. Ese, o esa, nos colocó muy mal ante el mundo, así sea que de diez mil niños uno coma papel untado de mantequilla. La periodista o periodista que hizo la escandola sobre el embarazo de una niña de ocho años, nos puso en ridículo ante el mundo, haciendo pensar que en Colombia embarazan a las niñas de ocho años y no se hace justicia.

Pero, en realidad en el imperio espiritual de la prensa, no se pone el sol. En concreto la prensa colombiana ha educado al país. Mal o bien, pero ha sido un vehículo poderoso de culturalización de que disponemos los colombianos, desde antes de la independencia.

En el siglo XIX, un ejemplar de un periódico, podía ser leído por muchas familias, el ejemplar iba de mano en mano, o era remitido por correo a los amigos de diversas partes del país. Por ejemplo, el periódico del sabio Caldas “El Semanario del Nuevo Reino de Granada” o el del general Nariño, La Bagatela o El Patriota del General Santander, o El Cultivador Cundinamarqués, el quincenario de don Rufino Cuervo, que lo leían en alta voz en los atrios de los templos parroquiales de Cundinamarca  o el grandioso “Papel Periódico Ilustrado” de Alberto Urdaneta, por no citar sino unos pocos, muy notables en la historia del periodismo colombiano por su influencia y sustancial contenido. En el siglo XX, como en la presente centuria un periódico sigue siendo de fácil acceso económico para el pueblo. Cuando el ejemplar de un periódico, hoy vale $1.000 pesos, un libro común y corriente en rústica vale más de $50.000 pesos. Con frecuencia los suplementos literarios, especialmente de la prensa de provincia, publican los domingos un buen material, capítulo de un libro importante de moda que interesa a muchos. O un confiable resumen de su contenido, en fin, un ensayo sobre un autor y su obra. Los periódicos ilustran a nuestra gente de clase media y del pueblo. Esto nadie lo puede desconocer. Y generalmente la prensa colombiana,  no sólo es la mejor escrita, sino la mejor confeccionada en el continente hispanoamericano. Ello explica  o puede explicar en buena parte la influencia cultural y el poder político de nuestra prensa.

Juan Zuleta Ferrer, antiguo director de El Colombiano de Medellín, se hacía con frecuencia esta reflexión: “Cuál es la síntesis de nuestra actividad en tantos años? Cuál es el fruto de esa larga y tensa labor periodística? Tal vez hemos contribuido a formar una conciencia profesional, a darle al periodismo una nueva dimensión, a establecer normas morales que se practiquen y respeten. Pero todavía subsisten nuevos peligros. Hay una azarosa infiltración en la prensa de elementos incapacitados para tan ardua labor. Hay otros que, obsesionados por el afán sensacionalista distorsionan la noticia, alteran su sentido, deforman su valor y juegan ligeramente con altos intereses de la patria y del pueblo… Los periodistas para ser dignos de este nombre deben observar una ética, defender su independencia, conservar su dignidad, tener el valor de enfrentarse a cualquiera forma de presión o de coacción, aunque a la hora del viaje final lleguen “ligeros de equipaje”, según el bello verso de Antonio Machado.”[3]

Por otra parte, en la prensa colombiana se han debatido y analizado los problemas económicos del país, y particularmente en las últimas décadas los grandes rotativos, publican diariamente páginas especializadas que ahondan y desmenuzan los problemas económicos. De esta manera, tanto en el sector público como el privado, se ha creado una clara y vigorosa conciencia sobre la importancia decisiva del estudio y seguimiento de los problemas económicos contemporáneos. Así, es posible aseverar que gracias a la prensa, los fenómenos económicos no han logrado en los últimos años coger de sorpresa ni al Estado ni a la empresa privada. El manejo de las estadísticas y de diversas técnicas de proyecciones, los gráficos porcentuales bellamente elaborados en computadores y que sintetizan y clarifican las más complejas cifras e informaciones, gracias a la prensa, son hoy disciplinas familiares y cotidianas para los ejecutivos tanto del área oficial como de la empresa privada. Esto mismo podemos decir en relación con el desenvolvimiento del pensamiento político y social del país. Que la prensa a pesar de todo, es el mayor despertador de almas. Y, nos ha enviciado a ser realmente libres, inconformes, dudando de todo. Tan sumamente bien enviciados en esto, que ya no recordamos quien nos enseñó eso, quien nos indujo a ser y actuar así. (Desde luego fue la prensa) Pero, no podemos ya vivir, sino así, libres y vociferantes.

 

4.-IMPORTANCIA  DEL ENSAYO. En complementación a lo dicho antes sobre el arte de escribir y sobre el periodismo colombiano, puede ser de interés para quienes escriben, para quienes leen, para quienes educan y para quienes estudian, hablar un poco del ensayo, del ensayismo.

Los jóvenes con verdaderas apetencias mentales y culturales, es frecuente que se aproximen en un primer intento al gran poema o a la novela superior, sólo a través del ensayo analítico.  Del ensayo en su integral misión de lograr la síntesis magistral y, por rutas de claridad, llevarnos a los territorios del mensaje psicológico, intelectual, ideológico de una obra maestra.  Quien haya leído primero un gran ensayo, un comentario hondo e inteligente, sobre “Cien años de soledad” o un trabajo ensayístico en torno al complejo universo del “Ulises” de Joyce o sobre “La montaña mágica” de Tomás Mann, o quien haya penetrado, así, en los espesores históricos y teológicos del “Paraíso Perdido” de Milton o de “La Divina Comedia” de Dante, al hacer en forma definitiva la lectura de alguna de estas obras, logra de inmediato para sí, un claro acercamiento y dominio, un mayor fruto, un superior placer intelectual.

Ello puede explicar  la prevalencia del género ensayístico en nuestro tiempo. En nuestros días de velocidades, cuando el hombre tiene conciencia de que la vida es breve y muy extensos los campos del saber. Allí, impone su entidad el ensayo capaz de entregar en sazón definitiva reveladoras síntesis, fecundas y armoniosas condensaciones de humanismo y de ciencia al alcance de los espíritus bien informados o medianamente cultivados.

La obra ensayística, más que ningún otro trabajo del ingenio literario, ha de dirigir su andadura hacia la búsqueda de la verdad y de la belleza siempre nuevas. Es la misión heroica de hacer mejor al hombre. “El escritor, dice Paul Sartre, debe guiar y si describe un tugurio, expresarlo como un símbolo de las injusticias sociales y promover la indignación”.[4] Para nuestro deber de escritor público, siempre tendrá vigencia la oración clamante de André Gide: “Señor, dame la fuerza suficiente para no mostrar a los demás sino mi pensamiento sereno, selecto y maduro”

 

Superioridad del Ensayo. A través del ensayo, del ensayo literario,  del analítico o difusor, el lector se puede deleitar en torno a una novelística magistral. Aproximarse seguro a una gran poesía, a una obra dramática, o a un magno tratado de historia de las naciones, de crítica literaria, de historia del pensamiento, de la ciencia, de los aconteceres políticos nacionales y regionales. Así como lo han hecho en Colombia en los últimos decenios Abel Naranjo Villegas, Rubén Sierra Mejía, Joaquín Vallejo Arbeláez, Otto Morales Benítez, Javier Ocampo López, Jesús Arango Cano, Darío Botero Uribe,

Nodier Botero Jiménez, Hugo Palacios Mejía, Jaime Lopera Gutiérrez, el académico de la Historia, Horacio López Domínguez y tantos otros de discreta pero genuina autoridad.

El ensayista en pocas páginas, nos puede entregar una vigorosa y esclarecedora noción sobre esos abultados tomos de la historia del mundo, de nuestro país, de nuestra región, como lo hace el profesor y académico Javier Ocampo López, enseñándonos a amar lo nuestro y las superiores realizaciones de la cultura en general.

El ensayista nos descubre los secretos del fondo, forma y armonía de una obra. Su precisión y coherencia. Nos  revela, además, la secreta belleza de un estilo; el porqué y en dónde el rigor y los primores de un cuento, de un poema, de una crónica histórica.  Asi mismo, sobre la realidad creadora del fruto logrado por un obstinado y minucioso investigador del acontecer social, de los influyentes episodios intelectuales, políticos o económicos del pasado y del presente de nuestro país y del mundo.

El ensayista, el gran ensayista nos va a inducir a conocer y a saber gozar de ese bello universo de la verdad y del arte. Esto lo hicieron y lo alcanzaron en la centuria pasada ensayistas universales como Giovanni Papini en “Descubrimientos Espirituales”, Waldo Emerson en “Ensayos”, Emilio Ludwing en “Genio y Artista”, Paul Valery en “Política del Espíritu”, Stefan Sweig en “La Pasión Creadora”, José Ortega y Gasset en “La rebelión de las masas,  Eugenio Montale en “Auto de Fe”, Elías Canetti en “Masa y Poder”, André Maurois en “Mágicos y Lógicos”, Octavio Paz en “Corriente Alterna”, etc.[5] De esta manera, el ensayista puede sentirse protagonista de la difusión  mundial de las  proezas alcanzadas por el espíritu humano.

Misión del Ensayo. Estamos de acuerdo en que la superior misión del ensayismo, de una recia literatura de ideas, es la de llevar a las grandes masas, rotundas y claras nociones sobre las nuevas y perdurables teorías científicas, filosóficas o literarias. Sobre los avances tecnológicos y sobre aquellos esenciales y últimos conocimientos y descubrimientos, capaces todos ellos en conjunto de enriquecer la inteligencia y el destino del hombre y de señalar metas de progreso y desarrollo a las comunidades. He allí la gran misión del periodismo en los artículos ensayísticos diarios, empezando por el editorial del director.

Un ejemplo clásico de los alcances del ensayo moderno lo enseñó a principios del siglo XX, en España y en el campo de la divulgación filosófica, José Ortega y Gasset. Preocupado Ortega y Gasset por el enfrascamiento total de la filosofía hispana en sus viejos esquemas tradicionales del pensamiento, y conocedor de los avances de la filosofía europea, particularmente de la alemana, se dedicó en consecuencia al estudio en su idioma original de Kant, Hegel y Leibniz etc, para, así, entregar una noción exacta, en un lenguaje digno y claro, a los lectores e investigadores españoles e hispanoamericanos, con énfasis en los ámbitos universitarios y profesorales, a través de conferencias, que eran verdaderos ensayos, y en frecuentes y cálidos ensayos en forma de artículos de prensa. El remozamiento particularmente del pensamiento filosófico español no se hizo esperar. Los estudiosos del genio hispano en los últimos cincuenta años, lo suelen atestiguar y evidenciar.

 

5.-Y FINALMENTE ¿QUE ES EL HUMANISMO?. Cuando se habla de Letras y Educación dentro de alguna etapa temporaria, es bueno buscar de inmediato la comprensión de qué es Humanismo. Y Humanismo no es otra cosa que la consustanciación de los conocimientos con nuestro propio ser. “El conocimiento asimilado, hecho vida y sumido en las profundidades de la persona”, como bien escribía Gilberto Alzate Avendaño en su gran ensayo “Semblanza y Apología del Maestro”. Si, Humanismo, el entendimiento armónico de nuestro espíritu y sensibilidad con la dinámica de las letras o del arte en alguna o en diversas de sus manifestaciones. Que, según la intensidad de tal hecho, nos puede conceder un grado de cultura auténtica. De allí por qué el letrado caldense citado, Gilberto Alzate Avendaño, después de leer al cardenal de Cusa en su obra “La docta ignorancia”, escribió: “Cultura es aquello que nos queda después de que olvidamos todo lo que aprendimos”. [6]

Es decir, cultura humanizada, que se vislumbra cuando al homo sapiens lo ilumina y engrandece la comprensión de un texto literario, la lectura de un ensayo; cuando lo entusiasma y alegra el colorido o las significaciones de un cuadro al óleo. Cuando lo enternece espiritualmente una melodía en un concierto. Cuando a ese ser humano lo impresiona y llena de inquietudes positivas la lectura de un poema, de un cuento o del capítulo de una gran novela. Cuando nos conmueve o alegra la presencia de la belleza, el sentido estético de las cosas, de las acciones, de los decires, todo ello es la humanización de la cultura, muy semejante en su milagro a las causas y efectos de la Educación, pues lo aquí expuesto, sin duda es obra de la Educación. De la Educación que nos ha enseñado a asimilar  y a vivir los valores, los perdurables valores de la cultura. Y una enseñanza  y desde luego un aprendizaje,  se han hecho cultura al cumplir este proceso orgánico de humanización. Proceso que, necesariamente, debe responder a las urgencias del hombre y a las exigencias de su tiempo, donde el conocimiento de una técnica nueva, por ejemplo, la técnica del Internet, puede evitar que el ser humano sea un ciego en medio de las claridades.

Finalmente, no olvidemos amigos y amigas, profesorado y estudiantes,  que  cultura son aquellas esencias de la sabiduría, que logran consustanciarse con nuestro ser y nunca se olvidan, porque están allí, muy hondo.

Cuando somos tolerantes con nuestro prójimo, cuando amamos y somos comprensivos con  nuestros parientes y amigos, eso, maravilloso, es lo que nos queda después de que olvidamos todo lo que aprendimos.

Cuando ya logramos, enternecernos, alegrarnos o sentir magnificado nuestro espíritu al leer un gran poema o al escuchar una sinfonía, eso es lo que nos queda, auténtico y perdurable, después de que olvidamos todo lo que aprendimos. Gracias, muchas gracias .


[1] Martín Alonso CIENCIA DEL LENGUAJE Y ARTE DEL ESTILO. Ed.Aguilar. Madrid 1947. Pág.139

[2] León Daudí PRONTUARIO DELLENGUAJE Y DEL ESTILO. Ed. Zeus. Barcelona 1963. Pág.235

[3] Juan Zuleta Ferrer LA HISTORIA CONTRA LA PARED 1930 – 1978 Colección Biblioteca Pública Piloto. Volumen I Medellín.  Ed. Letras 1978. Pág.206

 

[4] Jean Paul Sartre QUE ES LA LITERATURA. Ed. Losada. Buenos Aires. Pág.47

[6] Gilberto Alzate Avendaño SUS MEJORES PAGINAS. Semblanza y Apología del Maestro XL Aniversario de La Patria. Manizáles Pág.198

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