4.- Clases de Ensayo

Antes de abordar este tema, recordemos que con frecuencia encontramos en la prensa diaria y en algunas revistas, editoriales de los directores que son verdaderos ensayos. Un ejemplo son los editoriales de Alberto Lleras Camargo cuando dirigía la revista “Visión” y los artículos de Mariano Grondona en la misma revista y en otras de circulación mundial. En Colombia es frecuente el orador y el conferencista, cuyas intervenciones son verdaderos ensayos. Recordemos a Ñito Restrepo, en sus intervenciones parlamentarias sobre la pena de muerte, a Rojas Garrido en sus grandes discursos ideológicos, a Guillermo Valencia (el maestro), en su oratoria cargada de humanismo, a Gonzalo Restrepo Jaramillo, en su prosa esclarecedora, profunda y conceptual, etc.
En el género epistolar existen notables antecedentes del ensayo: por ejemplo, las “cartas a Lucilio” del filósofo Séneca, quien vivió  en el primer siglo de nuestra era. En una de sus cartas se muestra avezado crítico, muy didáctico, como cualquier expositor ensayístico del siglo XX. Dice Séneca:
“Me escribís que habéis leído con mucha atención el “Civilium” de Papiro Fabiano y que no ha respondido a vuestra expectación; y luego olvidando que se trataba de un filósofo criticáis su manera de escribir. Os concedo que tenéis razón y que se cuida poco de su estilo, sin tomarse el trabajo de limarlo. Pero esa manera de escribir no deja de tener mérito; la marcha fácil de una composición sin pulimento no carece de hermosura, pues hay gran diferencia, a mi juicio, entre un estilo corriente y un estilo difuso. Y aquí mismo, en lo que voy a decir, observo esa diferencia. Fabiano, en su estilo, me parece abundante, pero no difuso: amplio y fácil, su dicción se desliza  sin desorden, pero no sin rapidez. Revela en seguida que no ha sido cuidada ni perfilada. Pero, admitiendo que así sea y que no haya esmero en la dicción, hemos de considerar que su libro es de moral y no de elocuencia; es un libro que se dirige al alma, no a los oídos…
“Un estilo excesivamente trabajado, muy pulido y demasiado tímido, no conviene al filósofo. Cómo ha de tener coraje, cómo ha de mostrar constancia en presencia del peligro, si se inquieta por palabras? Lo que se ve en el estilo de Fabiano es seguridad. no negligencia. No encontraréis en él expresiones bajas o groseras; las suyas son escogidas, pero no rebuscadas y desnaturalizadas por el abuso de las metáforas, según el gusto del siglo; sus metáforas, no carecen de brillantez, aunque las toma del lenguaje ordinario. Veréis en ellas sentimientos nobles, no en la forma abreviada de sentencias, sino con amplitud de dicción. No es conciso, no le veréis pararse mucho en la forma, nada encontraréis en su composición que se aproxime a la elegancia moderna; pero, abarcando el conjunto, no tropezaréis con nada hueco.
“Agregad que en materia de estilo hay variedad de gustos. Si algunos quieren un aliño que haga desaparecer todas las asperezas, prefieren otros una rudeza estudiada; les ofrece el azar un período lleno, rotundo, y lo dislocan adrede para entretenimiento del lector. Leed a Cicerón: su estilo ofrece un tono de unidad; es lento, pero flexible, lleno de dulzura, mas no privado de fuerza. La dicción de Asinio Polionis es, al contrario, sacudida, esquinada, pues corta sus frases donde menos se espera. Los períodos, en Cicerón, acaban; en Polionis caen, salvo en un reducido número de frases de forma regular y marcha fija”.(6)

Son famosas como ensayos sapientes y muy agradables “Las Cartas Persas” de Montesquieu y las  “Cartas Marruecas” de José Cadalso, el mismo autor de “Los eruditos a la violeta” o curso completo de todas las ciencias. Hay apartes expositivos de los Diálogos de Luciano de Samosata (125-192) d.C. que son verdaderos ensayos por la gracia, la precisión y rapidez de las descripciones y conceptos. En uno de ellos descubrimos ya una seria inventiva   contra el surrealismo, cuya plenitud sólo fue vista varios siglos después.
El ensayo como género de creación literaria tiene las cualidades de invención, teoría y poema como en el arriba citado ensayo de Ortega y Gasset, “La meditación del marco”, o las Bagatelas de Hernando Téllez,  los Apólogos de López de Mesa: el apólogo de las multitudes, el apólogo de la amistad, el apólogo de la historia, el apólogo de la muerte, etc.
No olvidemos algo muy interesante en todas las literaturas, los poetas suelen ser al mismo tiempo grandes y maravillosos ensayistas. Razones: la fluidez del conocimiento y el pleno dominio de los secretos del idioma. Juan Lozano y Lozano, en “Mis Contemporáneos”, por ejemplo.José Umaña Bernal, en “Carnets”, Rafael Maya, en “Alabanzas del Hombre y de la tierra”, Eduardo Gómez, hoy, en “Reflexiones y esbozos” etc. O Paul Valery en “Política del Espíritu”, T.S.Eliot, Erza Pound, Pedro Salinas, Mauricio Maeterling en su ensayo “La inteligencia de las flores”, donde demuestra con gran sentido poético y científico, la capacidad de las flores con sus ingeniosos mecanismos de reproducción para acelerar la empresa del reino vegetal orientada a ocupar todos los sitios libres del planeta; Octavio Paz en cuyos grandes ensayos con particularidad en “Corriente Alterna”  demuestra con fuerza arrolladora que la poesía es la más alta expresión de la inteligencia humana, en fin, todos ellos pertenecientes a la alta literatura universal; y científicos ensayistas como Bertrand Russell y aquel famoso escritor francés Alexis Carrell, autor de un ensayo sensacional de principios de siglo “La incógnita del hombre”; y los Huxley, Julián y Aldous, cuyos ensayos buscan empujar al hombre hacia el pleno desarrollo de sus facultadesa.
André Gide, francés, contemporáneo de los Huxley, en un ensayo publicado en la prensa en 1920 escribía sobre la filosofía del Dadaísmo: “Todas las formas se han convertido en fórmulas y destilan un aburrimiento indecible. Toda sintaxis común es desagradablemente insípida. La mejor actitud para con el arte de ayer y frente a acabadas obras maestras, es no tratar de imitarlas… El edificio de nuestra lengua está ya demasiado carcomido por dentro para que nadie recomiende que el pensamiento continúe refugiándose en él. Y antes de reconstruirlo es necesario derribar lo que todavía parece sólido, lo que tiene la apariencia de mantenerse firmemente en pie. Las palabras que el artificio de la lógica mantiene todavía unidas deben separarse, aislarse… Cada palabra-isla debe presentar en la página contornos empinados. Se ubicará aquí (o allí, lo mismo da) como un puro tono; y no muy lejos vibrarán otros puros tonos, pero sin relación ninguna para que no quede autorizada la asociación de pensamientos. De este modo la palabra se liberará de toda su significación precedente, al menos, y de toda evocación del pasado”.

A su turno Aldous Huxley, veinte años después, en su ensayo “Literatura y Ciencia”, consignó la siguiente reflexión: “Como movimiento literario el dadaísmo fracasó. Pero, al llevar a su conclusión lógica, o más bien ilógica, la noción de audacia verbal, aun en su fracaso prestó un servicio a la poesía y a la crítica. En el científico, la precaución verbal se sitúa entre las más altas virtudes. Sus palabras deben tener una relación coherente con cierta clase de datos o secuencia de ideas específicas. Las reglas del juego científico le prohíben decir más de una cosa a la vez, de darle a una palabra más de una significación, de ignorar los límites del discurso lógico o de hablar de sus experiencias privadas en relación con su obra en los dominios de la observación y el razonamiento públicos. A los poetas y, en general, a los hombres de letras, las reglas de su juego les permiten, les obligan, en realidad, a hacer todas las cosas que no pueden los científicos. Evidentemente, hay ocasiones en que les está bien ser verbalmente prudentes; pero hay otras en que la imprudencia verbal, llevada, si es necesario, al límite de la más extravagante temeridad, se convierte en un deber artístico, en una especie de imperativo categórico”.

El ensayo breve y poemático.- Este, desde luego, tiene una marcada andadura lírica, de meditación filosófica y de penetrante observación curiosa, como muchos escritos de Azorín, v,gr. cada una de las partes de su poético libro  “Pueblo”; las prosas breves de Jorge Santander Arias en “La Patria”, recogidas las más en su libro “El juicio particular” de la década de los cincuenta o “Las Ventanas” y “Rincones” de Ovidio Rincón en “El Colombiano” de Medellín, cuarenta años atrás, algunos de ellos recogidos en un bello libro publicado por la Imprenta Departamental de Caldas con el nombre de “Prosa y Poesía”.
Ensayo de fantasía, ingenio o divagación.- Son trabajos que exigen gracia e ingenio, sutileza, divagación cordial y honda, fluidez y aparente ligereza. En este campo son maestros los españoles Eugenio D’Ors en “Glosario”, Mariano José Larra “Fígaro” en sus artículos de prensa y Angel Ganivet en sus “Cartas Finlandesas”, en una de ellas dice:
“En nuestro tiempo comienza a estar de moda hablar mal del sufragio, y los espíritus más distinguidos  hablan de él con grandísimo desdén. Ibsen, en su “Enemigo del pueblo”, ha lanzado el gracioso apotegma  de que “siendo la mayoría de los hombres una caterva de imbéciles, la minoría es la que lleva la razón”. Idea que ya había yo leído en el “Teatro crítico del P. Feijóo, quien pensaba que todas las piedras del mundo reunidas no pueden formar una estatua, y que un águila ve mucho más que una bandada de gorriones. Por su parte, Taine, que era un profundo político, se negó a ser elegido por sufragio universal, sin duda porque creía que la acumulación de varios millares de votos sobre su nombre no había de añadir nada a la gloria que él por su solo esfuerzo había conquistado.
“Yo no estoy conforme con estas ideas: yo veo en el sufragio un pequeño reflejo de la Divinidad, un medio que la Providencia ha puesto en manos del hombre para que cree en el sentido estricto de la palabra crear, es decir, sacando las cosas de la nada.
“Hay una porción de gentes sin una idea en la cabeza ni en otra parte del cuerpo, que se morirían sin haber sido nada real y concreto en el mundo, si no existiese el sufragio… reconozcamos que esto, como diría el ilustre D. Juan Valera en su estilo acicalado, no deja de ser muy bonito. Yo soy ardiente partidario del sufragio universal, con una limitación: la de que no vote nadie. Y no se crea que mi afirmación es una broma de mal gusto: es otro axioma de política trascendental, como demostraré ahora mismo, ya que en nuestros días hay que demostrar hasta los axiomas. Todos los argumentos expuestos en contra del sufragio se reducen a este: la verdad no surge del concurso de muchos hombres, sino del esfuerzo de las inteligencias; si entregamos los intereses de la sociedad en manos de la mayoría de sus miembros, no contamos con un criterio verdadero, ni justo, ni prudente, ni constante. Todo marchará al azar. Sin embargo, este razonamiento no ataca la esencia del sufragio: va solo contra su aplicación, y si a esto fuéramos, no existiría nada en el mundo. Para ser padre de familia se necesita, creo yo, más inteligencia que para depositar un voto en las urnas, si el padre de familia ha de cumplir a conciencia sus deberes. Cuántos hay que los cumplen? uno de cada mil. Y vamos por eso a suprimir la familia? aunque quisiéramos, no podríamos. No nos queda más recurso que resignarnos, y a lo sumo, cuando vemos que un hombre es decididamente incapaz para constituirse en familia, aconsejarle que no lo haga y esforzarnos por persuadirle. Este es mi criterio en la cuestión del sufragio: a mi juicio, todos los hombres que viven en sociedad tienen derecho estricto a intervenir en el arreglo de los asuntos de interés común”. (7). Este texto pertenece a una carta-ensayo de Ganivet del año 1898.

Ensayo interpretativo.- Es el ensayo más frecuente en la literatura española como aquel muy famoso de Donoso Cortés sobre la Biblia o el “Jesucristo” de Marco Fidel Suárez. Muchos trabajos periodísticos de Borges, del mexicano Octavio Paz y, en Colombia,Eduardo Caballero Calderón cuando se refiere a las realidades latinoamericanas, de Abel Naranjo Villegas, Aquilino Villegas, Silvio Villegas, Rubén Sierra Mejía, o de Otto Morales Benítez, cuando revela el sentido profundo de la novelística de Romain Rolland, André Maurois, o de la narrativa de Manuel Mejía Vallejo, de Rómulo Gallegos o de Bernardo Arias Trujillo; cuando analiza el sortilegio de la poesía de León Felipe, de Germán Pardo García o de Tomás Vargas Osorio; o las dimensiones del arte de Arenas Betancur o del maestro Pedro Nel Gómez.

El Ensayo teórico.- Es un trabajo analítico y conceptual de quien expone ideas propias o ajenas y teorías estéticas, políticas o filosóficas, todo con estilo muy personal y elevado valor lógico, con ejemplos recientes en Colombia como en Alvaro Gómez Hurtado, Alfonso López Michelsen y el ya citado Otto Morales Benítez, cuando expone en artículos de prensa que luego librifica, sus ideas frente al discurrir de la vida colombiana.

El ensayo de crítica literaria.- Como su nombre lo indica, son trabajos que abordan grandes textos literarios de diversos géneros, dentro de una crítica analítica y comparada, como los polémicos ensayos de Gutiérrez Girardot, y los magistrales trabajos en este campo de Hernando Téllez, Luis Eduardo Nieto Caballero, Roberto García-Peña y, más cerca en el tiempo, con notable dominio de su técnica los trabajos críticos de Jaime Mejía Duque, o aquel laureado ensayo, muy reciente, sobre la poesía colombiana con la autoría del joven crítico bogotano Oscar Torres Duque.

El ensayo expositivo.- En este campo son notables los trabajos de biografía y de historia de Indalecio Liévano Aguirre y, los ya clásicos en la literatura nacional del maestro Germán Arciniegas en obras como “América y Europa”, “Biografía del Caribe”, “América es otra cosa”, etc. Es sin duda el más grande ensayista colombiano y de los más importantes de la lengua castellana en este siglo.

El ensayo-crónica o memorias.- Es otra manera de hacer ensayo a través de rememoraciones históricas de hechos definitorios del acontecer humano, o autobiografías como los trabajos de Alejandro Galvis Galvis en sus dos volúmenes “Memorias de un político”, de Carlos Lleras Restrepo en “Crónica de mi propia vida” varios volúmenes o como los de Antonio Alvarez Restrepo de su última obra, “Testimonios de un hijo del siglo”.

C O N T E N I D O

1.-Pretexto más que texto
2.-Mejor el Ensayo…
3.-Cuidado con los Best-Seller
4.-Clases de Ensayo
5.-El Ensayo periodístico
6.-Superioridad del Ensayo sobre otros géneros
7.-La influencia del escritor público
8.-Ensayismo y su mecanismo de penetración
9.-Rol del ensayismo y del periodismo científico
10.-Concisión y claridad del lenguaje
11.-Ensayo periodístico y recursos literarios
12.-La sapiencia de Alberto Lleras
13.-Pensar bien y cómo
14.-El arte de dosificar
15.-Otra regla: un poco de gracia
A manera de conclusión

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