2.- Mejor el Ensayo…

El Ensayo alcanza su máximo florecimiento en el siglo XX. La profusión bibliográfica en nuestro tiempo y la celeridad de la vida del hombre contemporáneo, la creciente avidez y curiosidad intelectuales, han contribuido a darle al ensayo la primacía que tiene hoy.
La gente joven y con verdaderas apetencias mentales y culturales, es frecuente que se aproxime al gran poema o a la novela superior, primero a través del gran ensayo analítico. Sin duda, que lo más provechoso e intelectualmente deleitoso es la de penetrar a la gran novelística o a la poemática de alto vuelo, a través del ensayo interpretativo que logra la síntesis magistral e induce con claridad a los territorios del mensaje psicológico, intelectual, ideológico de la obra. Es esta la más fecunda pedagogía didáctico-literaria de nuestro tiempo. Quien haya leído primero un gran ensayo sobre “Cien años de soledad” o sobre el “Ulises” de Joyce o sobre “La montaña mágica” de Tomas Mann, logra sin duda al hacer en forma definitiva tal lectura, un más fácil acercamiento, un mayor fruto y un superior placer intelectual. Ello, y no otra cosa justifica los prólogos, que deben ser no una apología del autor, sino una técnica y una inducción inteligente, para leer con provecho máximo una obra literaria escrita por un autor poseedor de genuinas dimensiones de inteligencia y de robustez de conocimientos.
Todo esto, pues, explica la prevalencia del género ensayístico en nuestro tiempo. En nuestros días de velocidades, cuando el hombre tiene conciencia de que la vida es breve y muy extensos los campos del genuino saber. Allí, impone su importancia el ensayo que entrega grandes y profundas síntesis, que no hace eruditos a la violeta, sino que selecciona y suministra armoniosas y fecundas condensaciones de humanismo y ciencia.
La obra ensayística, más que ningún otro trabajo del ingenio literario, ha de dirigir su andadura hacia la búsqueda de la verdad y de la belleza siempre nuevas. Es la misión heroica de hacer mejor al hombre. “El escritor, dice Paul Sartre, debe guiar y si describe un tugurio, expresarlo como un símbolo de las injusticias sociales y promover la indignación”.(4). La indignación edificante, desde luego. La capacidad de la inteligencia transformadora y clarificadora en plena acción sobre el fulgor de lo anárquico y de lo iluso. El equilibrio de las afecciones: la sofrosine del corazón y de la mente.
Para nuestro deber de escritor público, la oración clamante de André Gide mantendrá su vigencia dinámica: “Señor, dame la fuerza suficiente para no mostrar a los demás sino mi pensamiento sereno, selecto y maduro”.

C O N T E N I D O

1.-Pretexto más que texto
2.-Mejor el Ensayo…
3.-Cuidado con los Best-Seller
4.-Clases de Ensayo
5.-El Ensayo periodístico
6.-Superioridad del Ensayo sobre otros géneros
7.-La influencia del escritor público
8.-Ensayismo y su mecanismo de penetración
9.-Rol del ensayismo y del periodismo científico
10.-Concisión y claridad del lenguaje
11.-Ensayo periodístico y recursos literarios
12.-La sapiencia de Alberto Lleras
13.-Pensar bien y cómo
14.-El arte de dosificar
15.-Otra regla: un poco de gracia
A manera de conclusión

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