13.- Pensar bien y cómo

Piensa bien, quien domina un tema. El escritor delante de sus blancas cuartillas y frente al asunto propuesto para su trabajo, recuerda y convoca vivencias y conocimientos y razona. Recuerda y evoca conocimientos y las ideas concurren. Y debe saber que las ideas hay que capturarlas, porque en el instante de la creación literaria o periodística, pasan por la conciencia del posible creador literario o periodístico, pasan por la conciencia rápidas como un meteoro y lucen unos segundos y desaparecen. De allí por qué esas ideas no se pueden dejar para después, sino que hay que encacillarlas ya. Por lo demás, el clásico enseña que las grandes verdades llegan bañadas de claridad y no enlazadas por los silogismos o servidas en empalagosos platos retóricos. Alguien decía que “la claridad es la cortesía del filósofo”. La redacción clara, supone pensamientos claros. Pensar bien es poder sacar de nuestro mundo interior, una imagen lo más semejante posible al mundo real. Los escolásticos reiteran que la verdad en el entendimiento aparece cuando conocemos las cosas simplemente tal como son, sin torsiones ni afeites. Balmes da un consejo a los periodistas: “La razón es fría, pero ve claro; dadle calor sin ofuscar la claridad; las pasiones son ciegas pero dan fuerza: dadles dirección y aprovechaos de su fuerza”.
Pensar bien, dice el tratadista hispano don Martín Alonso: es poner en juego todas las facultades del espíritu: “el entendimiento sometido a la verdad;  la voluntad sometida a la moral; las pasiones sometidas al entendimiento y a la voluntad”.
Y no olvidemos que la más pura sencillez, es el traje de presentación de todas las ideas creadoras. Y que el escritor capaz de pensar bien, suele tener fácil capacidad de síntesis, y suele escribir corto sin cargar un pobre sujeto con muchos adjetivos. Azorín recomienda un sólo adjetivo para un sujeto, pero un adjetivo tan sumamente bien escogido y puesto que no lo puedan remover de allí con ninguna fuerza, n i las más influyentes intrigas.
Si se tiene prevención, pública o secreta, prevención enfermiza contra una persona o contra una institución, y tenemos que escribir sobre ellas, posiblemente habrá prevalencia de lo pasional en los juicios, y será imposible la imparcialidad y el razonamiento equilibrado. Estará por encima lo emocional, es decir lo despistado, sobre lo puramente reflexivo y exacto. Entonces, obviamente en este caso será imposible pensar bien, con justicia y rectitud.
Si estamos ciegos por la pasión política o por los fanatismos o por el temor o por el odio o por los compromisos, será casi imposible la sindéresis, el equilibrio, el pensar bien.
No olvidemos que el alma del ser humano, de nuestro prójimo, tiene más cosas positivas que negativas y que, positivo es todo aquello que es capaz de hacernos más comprensivos. Que positivo es todo aquello capaz de enriquecer los presupuestos de la paz pública.
Que positivo es todo aquello que es capaz de hacer mejor al hombre, de elevarlo, de enriquecer su haber espiritual. Monseñor Spalding, el admirado rector fundador de la Universidad Católica de Washington, decía: “Vivir es crecer y es el fin de todo nuestro trabajo, no el poseer más, sino el ser más.”(13).
Y no olvidemos que el método de pensar bien es una mezcla de lógica elemental y de mucha experimentación, de mucha buena voluntad, de harto sentido común, de cantidades de sinceridad.

C O N T E N I D O

1.-Pretexto más que texto
2.-Mejor el Ensayo…
3.-Cuidado con los Best-Seller
4.-Clases de Ensayo
5.-El Ensayo periodístico
6.-Superioridad del Ensayo sobre otros géneros
7.-La influencia del escritor público
8.-Ensayismo y su mecanismo de penetración
9.-Rol del ensayismo y del periodismo científico
10.-Concisión y claridad del lenguaje
11.-Ensayo periodístico y recursos literarios
12.-La sapiencia de Alberto Lleras
13.-Pensar bien y cómo
14.-El arte de dosificar
15.-Otra regla: un poco de gracia
A manera de conclusión

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