PROLOGO

Con el título EL PRESIDENTE MARIANO OSPINA PEREZ, el académico y periodista Héctor Ocampo Marín publica este excelente libro sobre el personaje central que enfrentó la crisis del 9 de abril de 1948, a raíz del asesinato del Jefe del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán. La reacción popular desencadenó los trágicos sucesos del Bogotazo caracterizados por incendios, saqueos, motines y muertes especialmente en la capital de la República, con brotes similares de menor alcance en otras ciudades del país. La publicación de este libro coincide con los 50 años de este terremoto político, social y económico que sacudió como pocos las estructuras de nuestra democracia.

Aquella fecha luctuosa consagrada en mármol con la frase histórica “Para la democracia colombiana vale más un Presidente muerto que un Presidente fugitivo”, partió en dos no solo la historia patria sino la vida pública del Presidente Ospina. Antes de ese día, era el estadista llegado a la Jefatura del Estado con el prestigio de administrador eficaz de empresas públicas y privadas y del gremio cafetero, Senador, Ministro de Obras Públicas. Había recorrido con brillo el ciclo completo del político elegible en todos los cargos de representación popular, ungido con el prestigio de la familia Ospina, determinante en buena parte de nuestra vida republicana. Profesor universitario y autor de importantes libros como “Economía Industrial y Administración”, clásico colombiano por su sencillez en la presentación de temas de por si complejos, escrito en idioma transparente, que impresiona por su claridad conceptual y el buen uso del lenguaje. En la cátedra universitaria y en sus escritos muestra un conocimiento decantado de las obras de los autores más importantes de su tiempo sobre administración de empresas como Taylor, Fayol, Emerson. “La organización el línea” y la de “Estado Mayor” son criterios que exhibía en sus exposiciones que además aplicaba en los sectores empresariales que le correspondió dirigir y orientar como los Ferrocarriles Nacionales, la Comisión de Vías y la Federación Nacional de Cafeteros. Por supuesto muchos de estos enfoques los pudo utilizar en la administración pública cuando estuvo al frente del gobierno.

Desde la Gerencia de la Federación Nacional de Cafeteros, con limitados recursos económicos adelantó una obra admirable por su importancia y diversidad. El primer censo cafetero, su contribución decisiva para reorganizar el sistema de remuneración de los productores del grano introduciéndole al régimen de jornales factores que aún hoy sorprenden por su sencillez y contribuyen a incentivar la producción. Se caracterizó por su insistente prédica en favor de la calidad del café suave colombiano para imponerlo como producto individualizado, como efectivamente ya se ha logrado en los mercados internacionales, enfoque que le permitió sostener un debate público con el doctor Alfonso López Pumarejo, entonces candidato a la Presidencia de la República en contra de un proyecto de acuerdo a escala internacional que hubiera obligado a implantar en nuestro medio un impuesto para gravar las nuevas plantaciones de café. Además sentó las bases para adelantar programas de salubridad en las zonas cafeteras. Su paso por la Federación y el impulso que le dió desde el Congreso al proyecto de ley que hizo posible la creación de la Caja de Crédito Agrario consolidaron su prestigio y lo llevaron a ser el candidato del Partido Conservador a la Presidencia de la República para elegirlo en el período que se llamó de “Unión Nacional”, preludio de los 16 años de los gobiernos del Frente Nacional de los que fueron uno de sus artífices con Alberto Lleras Camargo, Laureano Gómez, Alfonso López Pumarejo, Carlos Lleras Restrepo y Guillermo León Valencia.

Fue inmensa su obra económica de gobierno y para percibirla en su conjunto basta mencionar  los nombres de empresas o entidades creadas en su cuatrienio que son elementos fundamentales para mantener la actual etapa de desarrollo del país: El Seguro Social, Telecom, Icetex, el Código Laboral, la Siderúrgica de Paz de Río, los institutos de Fomento Municipal y Electroaguas, ejecutor éste último de los primeros sistemas de irrigación en Colombia.

El mejoramiento del nivel de vida de los campesinos fue preocupación permanente de su empeño,como también la minoración de los desequilibrios sociales procurando una mayor tecnificación del trabajo y mejorando el poder adquisitivo del salario y demás prestaciones, siempre inspirado por los principios sociales de la iglesia, explícitos en encíclicas pontificias. Fue cristiano convencido, de vida ejemplar.

El campo económico fue punto central de sus empeños desde el primero hasta el último día de su gobierno. Antes de su posesión, en viaje que hizo a Estados Unidos como mandatario electo, pidió y obtuvo del Presidente Truman la liberación del control de precio del café, cuya cotización internacional se duplicó en poco tiempo; también planteó la denuncia del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación con Estados Unidos de 1936 que obligaba a reducir los impuestos de aduana en desmedro de la industria nacional y gracias a su personal intervención pudo el gobierno aprobar el Arancel Proteccionista de 1949, como anticipo a la política sobre sustitución de importaciones inspirada por la CEPAL, injustamente criticada por los entusiastas de la apertura económica. Esta decisión proteccionista del gobierno de Ospina Pérez influyó grandemente en nuestro desarrollo industrial. Para él fue importante la planeación económica; gracias a su intervención directa en 1949 llegó a Colombia una Misión del Banco Mundial, dirigida por el Profesor Lauchlin Currie, primera que fue a un país en desarrollo. Su informe -que es un clásico de nuestra economía- hizo posible la adopción en nuestro medio de los mecanismos de planeación económica indicativa y a la vez nos abrió las puertas de los financiamientos de los organismos internacionales de crédito. Sin ella no podrían concebirse los actuales sistemas vial, eléctrico, de comunicaciones y de puertos que constituyen el conjunto de nuestra infraestructura económica.

Cuando ocupé el Ministerio de Hacienda en la administración Pastrana me correspondió, por iniciativa del Presidente de la República, invitar al Presidente Ospina a ocupar el sillón de Director del Banco de la República en representación personal del Jefe del Estado. Al lado del ilustre estadista, que no faltó a ninguna reunión, a las que llegaba siempre a tiempo, aprendí a admirarlo aun más. De sus exposiciones admirables, salpicadas de gracejos y gestos inconfundibles por su acento socarrón y antioqueño, fluía la enseñanza de toda una vida que reflejaba la disciplina hacia la investigación que le imprimió su ilustre padre, don Tulio, fundador de la Escuela de Minas de Antioquia en donde se graduó como Ingeniero, para terminar sus postgrados en las universidades de Louisiana y Lovaina.

Su personalidad recogía lo mejor del pueblo colombiano, no solo del país de sus antecesores, oriente, sino ante todo de Antioquia, donde nació y de la que llegó a ser símbolo. En el siglo pasado ningún antioqueño fue elegido Presidente de la República. En el siglo XX Antioquia ganó el campeonato del poder nacional y entró con paso firme en el predominio de la economía. En las primeras décadas barrió en los ministerios de Hacienda y del Tesoro. Después impuso su sello en los ministerios de Economía, Fomento y Desarrollo Económico. Las paredes de las salas de Juntas del Banco de la República, de la Federación Nacional de Cafeteros y de Planeación están llenas de retratos de antioqueños ilustres y es de todos sabido que por ellas pasan los hilos del poder económico. Este ascenso de los antioqueños hacia la cumbre se inicia después de la trágica separación de Panamá, que desplazó hacia el occidente el meridiano del poder político; a partir de aquel terremoto estadistas antioqueños iniciaron la escalada al poder, que se extendió hasta finales del siglo con la elección de Belisario Betancur. El primero fue Carlos E. Restrepo con el republicanismo y más adelante figuras preclaras de la mal llamada hegemonía conservadora, como Marco Fidel Suárez y el General Pedro Nel Ospina que en sus mandatos promovieron los acuerdos bipartidistas de entendimiento nacional.  El desembarco paisa en Bogotá se completó con Mariano Ospina Pérez, Esteban Jaramillo, Francisco de Paula Pérez y Jesús María Marulanda, cuatro figuras cimeras que dominaron el manejo de la economía nacional hasta los años 60 en la mitad de los gobiernos del Frente Nacional en que Antioquia dejó su impronta inconfundible del espíritu de concordia y trabajo de sus gentes.  Los cuatro no sólo fueron eficaces senadores elegidos por su departamento sino que en conjunto ocuparon 14 veces los despachos de ministros de estado, principalmente en el campo económico que desempeñaron con lujo y patriotismo.

El Presidente Ospina Pérez concluyó su gobierno con la elección de Laureano Gómez y después consolidó una importante jefatura política en su partido que lo llevó a las puertas de la reelección.  En forma casi inmediata trabajó hasta su muerte en la formación y consolidación del Frente Nacional llegando a constituirse en un patriarca en permanente entendimiento con los directivos de ambas colectividades.

Después de su muerte, en los últimos 25 años transcurre lo que pudiéramos llamar la etapa del mito de Mariano Ospina Pérez.  Acercarse al mito de una gran figura histórica, controvertida por la hondura de la crisis que tuvo que afrontar, pero inmensa por las decisiones que adoptó.  No es tarea fácil, pero seguramente los historiadores, como lo hace con acierto Héctor Ocampo Marín en su magnífica biografía adelantarán esta tarea.  El libro del doctor Ocampo la figura del Presidente Ospina muestra aspectos sorprendentes, pues el autor en un trabajo de muchos años ha aprovechado el contacto personal y cercano que tuvo con el Presidente.  Conviene resaltar el gran esfuerzo que exigió recopilar fuentes muy variadas de información de la vida del ilustre mandatario así como de la familia Ospina en general, que hace de esta biografía una de las más completas de este tramo de la historia política del país, escrita en forma agradable y de gran interés por la lúcida presentación de los temas que en ella se tratan.

El mito del Presidente Ospina Pérez sigue forjándose por su personalidad multifacética.  Era un hombre cordial, de cálida amistad y afecto hacia quienes a él se acercaban;  pero en sus decisiones de hombre de estado pocas veces ha habido en nuestra historia un gobernante que procediera con mayor serenidad, rayana en la frialdad, cuando estaban de por medio los grandes intereses nacionales.  Doña Bertha, a su lado, lo complementaba.  En ella todo era calor, afecto y un valor admirable.  Esta aproximación al héroe del 9 de abril y en especial a la del gobernante y patriarca nacional que inspiró con patriotismo los acuerdos bipartidistas, debe mover a las nuevas generaciones del siglo XXI a preguntarse qué hubiera sido de Colombia si el mandatario enfrentó la crisis del Bogotazo no hubiera salvado nuestras instituciones republicanas y por debilidad hubiese entregado el Estado a soluciones populistas ajenas a las tradiciones de nuestra democracia.

 

 

                               RODRIGO LLORENTE M

Santafé de Bogotá, abril 13 de 1998поисковая оптимизация интернет сайтовSkype binary signalslink2sd plus скачать бесплатно

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *